POLITICAS

Explosión del Poder Popular
Beneficios y dificultades de la participación ciudadana


Está en marcha el proceso revolucionario, la gestión de un socialismo nuestro, sin recetario preconstituido y que va al ritmo de los cambios y de las necesidades, como respuesta endógena a nuestro propio camino en construcción. Los consejos comunales se han hecho presentes en la geografía nacional, en la vida política,

económica y social del país. La experiencia, acumulada en el campo de trabajo, nos indica que todavía hay ciudadanos y ciudadanas que no alcanzan a entender plenamente el proceso. Para ellos este aporte modesto, que es y no pretende ser otra cosa que un abecedario de la participación ciudadana, una introducción a la organización social del pueblo para el mejoramiento de su calidad de vida, y para la población socialista sin excluidos ni olvidados.

Tal aseveración la efectuó César Dora en su libro “Manual de los Consejo Comunales”, tesis que servirá como pieza preliminar al tema que en las páginas siguientes será desarrollado por los escritores que este domingo participan en la sección Debate en Diario La Costa.

Si bien la participación genera a los ciudadanos y a la colectividad claros e innegables beneficios, es justo reconocer también que el camino de la participación está lleno de obstáculos, unos provenientes de los mismos ciudadanos, y otros generados desde los órganos del Poder Público. Veamos pues, ahora cuáles son los beneficios y dónde están las dificultades.

Beneficios
Son numerosas las ganancias o recompensas, o sea el provecho de la participación en beneficio de todos. Podríamos hablar de una triple ganancia porque la participación genera dividendos para el ciudadano y provecho tanto para la comunidad, como para los órganos del Poder Público.
La participación permite a los ciudadanos y ciudadanas realizarse como personas, para el logro de su felicidad y el mejoramiento de su calidad de vida. La participación permite a las personas transformarse de actores pasivos, en actores capaces de construir su propio destino, de ser sujetos y no objetos.
La participación permite a las comunidades desarrollar sus valores y sensibilidades, para que los ciudadanos y ciudadanas crezcan juntos, pudiendo hablar así de ciudadanía, de un cuerpo de personas actuando en conjunto para el beneficio común.
La participación permite a los órganos del Poder Público cumplir más fácil y cabalmente la noble función del Estado.
Haiman El Troudi, Marta Harnecker y Luís Bonilla, en su libro "Herramientas para la Participación" abordan los temas de las bondades de ésta, así como el de las barreras que ella encuentra. A partir de aquí, en este Sub-Capítulo y en el siguiente, por la forma inteligente y clara que abordan los temas a los que ellos se contraen, vamos a seguir las reflexiones y planteamientos de El Troudi, Harnecker y Bonilla, algunas veces sumándoles nuestras propias experiencias, y en otras pisando las huellas de los autores de "Herramientas para la Participación", al punto de usar, en ocasiones, sus mismas palabras y frases, para lo que solicitamos su comprensión. Repetir lo bueno, es dos veces bueno.
Las bondades de la participación se ubican fundamentalmente en el crecimiento de las comunidades, y en el desarrollo de sus valores y nuevas sensibilidades. Analicemos tres de esas bondades.

1.- Eleva la autoestima popular: Al ritmo en que las personas participan en los asuntos públicos que les competen, que les son propios y logran resolver sus problemas, simultáneamente se produce un cambio cualitativo en relación a lo que eran antes. Los ciudadanos y ciudadanas recuperan su confianza y se sienten seres que aprenden, transforman y propician un cambio que les es positivo. Más importante aún, pueden constatar la inmensidad del poder de las comunidades organizadas. La fuerza y el efecto, por ejemplo, de cien personas aisladas, sobreviviendo y no conviviendo en comunidad, al lado de lo que significa un centenar de ciudadanos y ciudadanas halando la carreta en el mismo sentido, organizando y sumando sus experiencias y potencialidades para la solución de un problema común. La participación eleva la autoestima popular.

2.- Respeto a las diferencias y superación de las divisiones: Se unen los grupos humanos y se consolidan las comunidades, cuando sus ciudadanos y ciudadanas participan. Lo primero que ocurre es un reconocimiento de las otras personas como seres con iguales derechos. Al reconocernos, cada uno con su género, unos como mayorías otros como minorías étnicas, religiosas, económicas o políticas, nos permitirá respetar las diferencias, abonando el camino para marchar en el mismo sendero, obteniendo un mejor provecho para todos.
Por otro lado, la participación permite superar las divisiones e impulsar proyectos comunitarios, facilitando enormemente la articulación de todos los sectores, militantes de partidos o gente sin partido, ciudadanos de distintos sectores o posiciones. El trabajo unido unifica; la participación de "diferentes" permite unirlos en el esfuerzo común, y al respetarse, como antes se dijo, se superan en buen grado las divisiones preexistentes.

3. Politización: El proceso de cambio revolucionario - en el camino para la construcción del Socialismo del Siglo XXI - se transita a través de la politización, queriendo entender por ella el crecimiento en conciencia política, y no la partidización, que es un concepto distinto, referido a la militancia en un determinado partido político; se puede ser político sin ser partidista, se puede ser ciudadano sin ser militante de partido.
Podríamos decir que la política es demasiado importante como para considerarla propiedad exclusiva de los partidos políticos, la política tiene que ver con la "polis", vale decir, con la ciudad; es una preocupación y una actuación sobre la sociedad. Por eso se recuerda que Aristóteles definía al hombre diciendo que es un animal político.
Podemos afirmar que un ciudadano o ciudadana se politiza, cuando tiene conciencia política, en la medida en que deja de centrar toda su fuerza y potencialidad en sus problemas individuales, para apreciarlos en un contexto más global. Un ciudadano está politizado, en el sentido correcto que estamos dando a ese término, cuando es capaz de sobrepasar los estrechos límites de su localidad, sector, partido, gremio, grupo de opinión o tendencia, y asume, como si fuesen suyos los intereses globales de la comunidad y sociedad que él integra.
Podríamos decir con mayor sencillez, que politización es un proceso de toma de conciencia de parte de la población sobre su condición ciudadana. Los ciudadanos no pueden dejarse arrebatar la política por los políticos, esta no es de su pertenencia exclusiva, no es propiedad de la llamada "clase política".
En los pueblos donde no hay participación, sus problemas no son debatidos por la gente; en esas comunidades donde el pueblo no participa de las decisiones, son los políticos que dicen representarlos - de ordinario los secretarios generales o jefes de los partidos - quienes toman la palabra y deciden, siendo el pueblo un eterno ausente. Este es el paradigma de la democracia representativa.
Tal vez la gente no hace Política por culpa de los políticos de oficio, quizás por los politiqueros. Los ciudadanos y ciudadanas, en su gran mayoría, rechazan las prácticas partidistas clientelares, casi siempre poco transparentes y corruptas, rechazan a quienes se acercan al pueblo sólo a la hora de quitarles el voto, de arrancarles el voto para su beneficio.
La sociedad socialista y el proyecto bolivariano avanzan con la politización de la población, y se frena con la partidización. Que se entienda que no estamos desconociendo el rol que corresponde a los partidos políticos, lo que deseamos es ubicar en su justo lugar a quienes han pretendido hacerse únicos dueños de la política.
Como bien lo dice El Troudi, la involución de la democracia y el deterioro que ésta sufrió en las décadas anteriores - de manera creciente y acumulativa - empujó a la despolitización general de la población. Estamos obligados ahora a politizarla, a hacer que para todos la polis sea un objetivo, y que todos trabajemos por ella, por la "ciudad", entiéndase por la comunidad, por el país.

Dificultades
Por doquier hay algún valladar, alguna barrera o muralla que intenta frenar la participación de ciudadanos y ciudadanas. Algunos de esos obstáculos se generan en las propias personas, en los propios ciudadanos que no siempre saben vencer la cultura clientelar, o que se dejan arropar por el escepticismo y la apatía. Por otro lado, se encuentran las barreras surgidas desde los cuadros de liderazgo o de vocería de las comunidades, que con egoísmo quieren ser las únicas voces que se oigan, las únicas campanas cuyos tañidos se escuchen. Por último las piedras encontradas en el camino pueden surgir del burocratismo, del verticalismo o autoritarismo que, como desviación indeseable, puede surgir en algunos sectores del Poder Público.
Denunciar y corregir tales desviaciones es responsabilidad de todas y todos, ya que todas y todos somos los afectados. Recordemos que sin participación, no puede ejercerse el Poder Popular, lo que niega la democracia real y el socialismo por el cual luchamos.
Mencionemos ahora veinte barreras a vencer, cinco obstáculos para la participación ciudadana:
1.- Escepticismo y apatía: La apatía, la falta de interés en participar, producto de la incredulidad y escepticismo, viene dada por la inmensa desconfianza de ciudadanos y ciudadanas respecto a los gobernantes de los distintos niveles, nacional, regional o local, que en las últimas décadas han venido conduciendo el Poder Público.
Vencer el escepticismo es vital. Los ciudadanos y ciudadanas deben entender que ya el rol protagónico no corresponde a los políticos o a los burócratas, él está en manos de cada uno de nosotros, quienes, con igualdad de derechos debemos procurarnos el cambio que deseamos, a través de la participación.
2.- Falta de formación para la participación: Para participar hay que saber cómo hacerlo. A los malos burócratas, a aquellos cuya actividad podríamos denominar burocratismo, no les interesa la participación ciudadana, prefieren ellos decidir por el pueblo, por lo que no se afanan en educar para la participación.
3.- La exclusión a la que estaban acostumbrados: Numerosos ciudadanos y ciudadanas por haber estado excluidos siempre, por no haber participado, no se percatan todavía del derecho que les asiste. Lo más grande de la Revolución y el Socialismo del Siglo XXI, es el fin de la exclusión; ganamos un cien por ciento de participantes, lo que equivale decir, ganamos plena ciudadanía.
4.- La cultura clientelar. Durante muchos años, décadas, diríamos que en el transcurso de casi dos siglos de vida republicana, los ciudadanos y la burocracia del Poder Público organizado han sostenido una relación clientelar, donde los ciudadanos y ciudadanas son clientes del representante, funcionario o burócrata, quien cobra sus favores políticos, económicos y sociales.
Es desafío de esta hora y de la Revolución Bolivariana vencer la cultura paternalista del Estado, que no está para repartir dádivas y golpear la dignidad del pueblo. La nueva cultura socialista debe generar, en los ciudadanos y ciudadanas, la convicción profunda es que a través de la organización y participación del pueblo es como derrotaremos la pobreza y construiremos una sociedad de iguales.
5.- Burocratismo. Nos referimos a los funcionarios convertidos en alcabalas innecesarias que bloquean e impiden el sano logro de las metas.
El burocratismo conduce al clientelismo e invita al surgimiento de la corrupción, a la multiplicación de los trámites y papeleos, y a la discrecionalidad en la toma de decisiones, discrecionalidad ésta que es la peor injusticia, acarrea ventajismos y exclusiones.

29/01/2012

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