COSTA FALCONIANA

Ideales patrióticos y vida llena de tropiezos le llevaron al destierro
Desembarco de Francisco de Miranda en La Vela de Coro

Al conmemorarse hoy 260 años del natalicio del Generalísimo Francisco de Miranda, Diario La Costa reedita y publica nuevamente un trabajo especial redactado por el Cronista Oficial del Municipio Silva en Falcón, Cruz Enrique Otero Duno, a objeto de llevar a nuestros lectores una recopilación de la vida y obra de uno de los próceres más grandes de la historia americana, quien luchó sin piedad por la libertad de un pueblo subyugado por el dominio y mandato de la realeza española, y que se consagró como el Precursor de la Independencia de Venezuela

El presente trabajo de recopilación histórica lo he basado en uno de los apuntes resumidos más elocuentes de la vida del Precursor de la Independencia, que fueron editados con motivo del bicentenario de la llegada de Francisco de Miranda a La Vela de Coro, patrocinados por Pdvsa Centro de Refinación Paraguaná y publicados por Ediciones Nuevo Día el año 2006, bajo la coordinación de Jesús Urbina, con estupendas ilustraciones de Enrique Bravo.
Francisco de Miranda nació en Caracas el 28 de marzo de 1750. Fue hijo del canario Sebastián Miranda Ravelo y Francisca Antonia Rodríguez Espinoza.
Su padre fue sometido al escarnio público por los mantuanos o blancos criollos residenciados en Caracas. Todo se debió a que don Sebastián iba a recibir el nombramiento de capitán de la sexta compañía de fusileros del llamado Nuevo Batallón de Blancos Voluntarios, pero los mantuanos se opusieron por considerarlo de descendencia mulata, no poseer títulos nobiliarios, ser un simple vendedor de telas de Castilla y estar casado con una panadera.
Todos los comentarios surgidos fueron grandes calumnias; pues, Sebastián de Miranda era un blanco canario que se había instalado en la ciudad de los techos rojos, era dueño de un próspero almacén de telas y de una panadería atendida por su esposa, quien era una blanca criolla descendiente de una noble familia de Caracas.
El enfrentamiento de los mantuanos con su padre propició que el joven Francisco, el día 25 de enero de 1771, viajara a España para alistarse en el ejército real y prepararse para un futuro más promisorio que el que le esperaba si se mantenía habitando en Caracas. En ese país estudió los idiomas francés, inglés, italiano y latín.
En 1774 obtuvo el grado de Capitán del Regimiento de Infantería de la Princesa, siendo su primera campaña militar luchar contra los moros o fuerzas del sultán de Marruecos, en Melilla, África. Seguidamente, en 1780, se desempeña en Málaga y Cádiz, al sur de España, para luego viajar a América en calidad de Capitán del Regimiento de Aragón y edecán bajo el mando del general Juan Manuel Cajigal, su gran protector.
Al año siguiente, en momentos cruciales de la guerra de independencia en los Estados Unidos, Cajigal y Miranda son enviados a la Florida con un batallón de mil seiscientos hombres para reforzar las tropas españolas, francesas y angloamericanas que combaten con éxito contra los ingleses en Pensacola.
En agosto de 1781 Miranda pasa a Jamaica a fin de dar cumplimiento a tres misiones, una oficial y dos secretas o de espionaje, incluyendo la liberación o canje de veintidós españoles cautivos. El viaje lo hizo también en búsqueda de información militar y adquisición de embarcaciones para la marina española.

1806: año decisivo para la libertad

El mes de enero de 1806 Miranda se dedica a completar la organización del viaje de avanzada hacia Venezuela con miras a independizarla de España. El 2 de febrero el “Leander” zarpa de Staten Island rumbo a Jacmel, Haití, capitaneado por Thomas Lewis. A ese puerto llegan el 18 del mismo mes.
Durante cinco semanas Miranda se dedica a reclutar nuevos oficiales y a negociar la incorporación de las goletas Bacchus y Bee. Al desatarse un clima de insubordinación entre la tripulación del “Leander”, algunos reclutas se evaden pero son apresados y engrillados. Mientras tanto crecen algunas desavenencias entre el capitán Lewis y Miranda por el control de la embarcación.
El 12 de marzo de 1806 es izada en el “Leander” por primera vez la bandera, amarillo, azul y rojo diseñada por Miranda como insignia de su soñada patria. Al lado del pabellón tricolor queda enarbolada otra bandera, la naval, que es de color azul con una luna blanca declinante, un sol ascendente y un gallardete color rojo que exhibe el mensaje “Muera la Tiranía, Viva la Libertad”.
El día 28 el navío parte de Haití hacia las costas venezolanas. El 22 de abril, al continuar serios conflictos internos, Miranda y sus oficiales deciden que el desembarco debía hacerse en Ocumare de la Costa. Tal acción no se logró a causa de que estaban puestos en alerta los realistas ubicados en Puerto Cabello, quienes impidieron la llegada de los independentistas e incluso interceptaron las goletas Bacchus y Bee apresando a la tripulación y dando muerte a parte de ella.
Miranda tuvo que fugarse hacia las islas inglesas ubicadas en el Caribe para buscar apoyo británico y así regresar a la costa venezolana a intentar, por segunda vez, desembarcar en algún lugar aún no determinado. Las gestiones fueron positivas ya que en Barbados fue apoyado por el almirante Alexander Cochrane y en Trinidad recibió ayuda del general Maxwell Hislop.
Un total de diez navíos y quinientos hombres reclutados conformaron la nueva expedición de Francisco de Miranda. Un claro entendimiento por parte de los oficiales antes descritos dejó ver que como la flota no contaba directamente con la aprobación inglesa, el apoyo iba a quedar limitado a la protección contra los posibles ataques de barcos españoles durante la travesía por el mar caribe y a la custodia de la retaguardia frente a la costa venezolana una vez que Miranda lograra desembarcar con sus hombres.
El 25 de julio de 1806 zarpa el “Leander” hacia Venezuela. El lugar escogido para el desembarco en esta ocasión es la costa de la provincia coriana.

¡Barcos a la vista!

Al despuntar la mañana del 3 de agosto de 1806 se divisan en el amplio mar de La Vela de Coro diez barcos de guerra. En marcha lenta los navíos se acercan a la costa y son divisados por los soldados españoles que mantienen permanente vigilia en la torre del castillo San Pedro en tierra firme.
Es Francisco de Miranda quien viene llegando acompañado de un contingente fuertemente apertrechado y dispuesto a dar el todo por el todo por el bien de las colonias americanas que permanecen bajo el dominio y mandato de la realeza española.
Al escucharse la primera descarga de artillería procedente de la flota mirandina los soldados realistas responden atónitamente. A la segunda inician el desalojo de la torre del castillo. Es cuando los patriotas echan al agua sus botes y comienzan el desembarco. Al estar en tierra lo primero que hacen es penetrar a la fortaleza y sacar a los escasos realistas que aún permanecen en ella.
A todas estas los adictos al rey, al observar la presencia del jefe de campaña Francisco de Miranda, se confunden y creen que se trata de un brigadier de plateada cabellera perteneciente a la fuerza francesa, pues viene trajeado con un uniforme azul con destellantes ornamentos dorados.
Miranda imparte en el castillo veleño la primera orden -¡Soldados, arreen de inmediato la bandera española y hagan ondear en la torre la insignia tricolor que hemos traído, que es el símbolo de nuestra libertad!
Ese día se estaban cumpliendo treinta y cinco años de la ausencia de Miranda en territorio americano y se daba inicio al cumplimiento de la promesa que se hizo a si mismo delante de su hermana Rosa cuando en 1771, a la edad de 21 años, se vio obligado a abandonar la ciudad de Caracas y marcharse a Europa –“Volveré algún día con más honor y brillantez de lo que salgo ahora”.
Luego de ocupar y asegurar el puerto de La Vela los insurgentes mirandinos se dirigen a Coro, principal ciudad de la región ubicada a doce kilómetros costa adentro, llegando a ella a eso de las cinco de la mañana del día 4 de agosto. Miranda se convence de que la localidad se encuentra solitaria ya que se han marchado todos los habitantes habituales y también las tropas españolas.
A las 6:00 de la mañana el Precursor ordena enarbolar la bandera tricolor en la torre de la iglesia parroquial de Santa Ana y a colocar en las puertas del mismo templo y en la sede del cabildo una proclama escrita por él en la que exhorta al pueblo a sumarse a la lucha por la emancipación.
Para el momento Miranda no sabía que la causa de que Coro estaba vacía eran los rumores malsanos que corrieron como pólvora en la ciudad. De boca a oído se decía que un conspirador, un monstruo y hereje iba a llegar acompañado de tres mil hombres bien armados. Fue por eso que el jefe español de nombre Juan de Salas, acompañado de su gente, fue a refugiarse en la sierra coriana. Pero Miranda fue benévolo con las familias neutrales y autóctonas que también se habían marchado, a ellas les envió protección e invitó a que retornaran a sus respectivos hogares cuanto antes.
En Coro Miranda se hospedó durante cuatro días en la casa de don Antonio Navarrete, quien atestiguó que el militar no atropelló a ningún ciudadano y que las propiedades de los habitantes y de la iglesia fueron respetadas en todo momento. Cosa contraria ocurrió con los compañeros de armas de Miranda quienes no le prestaron el lógico apoyo, por lo que éste decidió retornar al puerto de La Vela el día 8 de agosto con miras a abandonar la patria, ante la noticia de que los españoles que estaban refugiados en las montañas serranas se habían apertrechado y avanzaban hacia Coro para apresarlo.

Intrépido ante la adversidad

Miranda llega a Aruba luego de atravesar un mar turbulento. En la isla prepara su cuartel general ante la convicción de que podrá volver a tierra firme a luchar contra los españoles. Solicita recursos a Inglaterra pero no fue complacido. Al pasar a Granada la gente se le desune y emprenden la desbandada, arrojan el uniforme y le reclaman sueldos. Los comerciantes y prestamistas que le habían brindado apoyo económico comenzaron a cobrarle el dinero adelantado al inicio de la expedición.
Ante tanta adversidad el venezolano se refugia en Trinidad donde le es embargado el “Leander”. A los varios días logra recuperar la nave y aunque no era de su propiedad la remata en una subasta pública para así apaciguar el acoso de sus acreedores ante las numerosas deudas que había contraído. En la isla, por espacio de más de un año, queda en espera de una tercera oportunidad. Finalmente, el día 24 de octubre de 1807, se embarca en el “British Queen” y se propone como destino la ciudad de Londres. El 21 de diciembre llega a Portsmouth y el 1° de enero de 1808 se encuentra nuevamente en su casa de Grafton Street al lado de su esposa Sara Andrews y los dos hijos Leandro y Francisco.
Al llegar a Londres, Francisco de Miranda procede a solicitar ayuda al gobierno para preparar otra incursión marítima, convencido de que su país estaba necesitado de ser una patria libre. Es así que presenta el proyecto al ministro de guerra, donde recomienda iniciar la toma de Caracas para después avanzar hacia Nueva Granada, Perú y Chile.
Luego de recibir una serie de decepciones, Miranda se percata de que la monarquía española se ha debilitado ante la presencia de Napoleón. Conociendo que debía aprovechar esa conjetura, entre 1808 y 1810, promueve a través de los escasos medios de información escrita disponibles para la época, una campaña para que las provincias hispanoamericanas inicien movimientos emancipadores. Al fin pudo alegrarse al leer en los periódicos londinenses que el 19 de abril de 1810 los caraqueños habían conformado una junta de gobierno.
El 14 de julio llegan a Londres Simón Bolívar, Andrés Bello y Luis López Méndez, quienes en representación de la Junta Suprema de Caracas desean obtener el reconocimiento de Inglaterra para el nuevo gobierno venezolano. Miranda se reúne con ellos y se convierte en el consejero ante el gobierno británico. La unión con los tres coterráneos conminó a Miranda a volver a Venezuela.
Tenía entonces sesenta años de edad cuando llegó al puerto de La Guaira el día 10 de diciembre de 1810 para cabalgar hacia Caracas, ciudad donde le tributaron un merecido recibimiento y donde pudo impulsar las acciones de la Sociedad Patriótica que le facilitaron un piso político para convencer a los mantuanos de que no continuaran manteniéndose fieles al rey Fernando VII.
En un discurso emitido el 5 de julio de 1811 Miranda se opone a las objeciones de los diputados y exige públicamente la inmediata declaración de la independencia, la cual fue efectivamente anunciada ese día a las tres de la tarde. En horas de la noche Miranda toma en sus manos la bandera tricolor y se une a la marcha emprendida por las calles en compañía de miembros de la Sociedad Patriótica. Días después el congreso acuerda adoptar la insignia de Miranda como bandera nacional y el 14 de julio es izada por vez primera en Caracas.

Miranda, miembro de la masonería

Don Francisco de Miranda es llamado Padre de la Masonería Latinoamericana y Primer Criollo Universal. Sus inicios como masón fueron en Filadelfia en 1783. Logró inspirar la fundación de la Logia Lautaro, en Cádiz, y promulgó los principios masónicos en casi todos los países donde le tocó vivir. Varios historiadores norteamericanos han asegurado que el francés Mario José Lafayette fue su padrino de iniciación en la masonería.

Título de Generalísimo

Francisco de Miranda es nombrado Generalísimo por el gobierno republicano. De inmediato son puestos bajo su mando todos los ejércitos y recibe poder para detener las acechanzas de Monteverde, quien se deja venir por San Carlos y Valencia. Fuertes combates y alzamientos se escenifican en el centro del país y ocurre la pérdida de Puerto Cabello, cuyo castillo estaba en manos de Simón Bolívar. El mismo Bolívar comunica la fatal noticia a Miranda, quien pronuncia estas palabras -¡Venezuela ha sido herida en el corazón!

Destierro inminente

Ante tantas luchas perdidas y a causa de las deserciones en su ejército, al Generalísimo no le queda otra alternativa que negociar con Monteverde un armisticio para asegurar la vida de las personas y las propiedades. Luego firma la capitulación de San Mateo, que devuelve el país a los españoles y pone fin a la Primera República. A causa de estas decisiones Miranda es criticado y tildado de traidor, aunque otros lo apoyaron y defendieron en las alternativas que tomó para concluir las guerras.
Al intentar marcharse a Curazao un grupo de patriotas lo convierte en prisionero, es encerrado en la fortaleza de San Carlos y luego trasladado a la cárcel de La Guaira, donde queda encadenado. En 1813 deciden el traslado al castillo San Felipe de Puerto Cabello para ser llevado después a la cárcel del Morro, en Puerto Rico.
A finales del mencionado año Miranda es conducido preso a España y en enero de 1814 es encerrado en un calabozo del fuerte de las Cuatro Torres, ubicado en el arsenal de La Carraca, San Fernando, provincia de Cádiz.
Desde su confinamiento en La Carraca Miranda logra escribir cartas al gobierno español en las que solicita su liberación, pero las gestiones fracasan. Lo que logra conseguir es un mejor trato dentro de la prisión, pues le retiran los grillos y queda autorizado a enviar y recibir correspondencia. Además se le permite poseer un sirviente de nombre Pedro José Morán, quien le sirve y acompaña en prisión.
Gravemente enfermo, postrado e inválido, Miranda fallece el día 14 de julio de 1816, a la una y cinco minutos de la tarde. Su cadáver fue lanzado a un osario común, sin ataúd.
Los biógrafos han realzado la memoria de Francisco de Miranda señalándolo como el indiscutible Precursor de la Independencia Americana. Los franceses inscribieron su nombre en el Arco de Triunfo de la ciudad de París, colocaron su retrato en el Palacio de Versalles y le erigieron una estatua en el Campo de Valmy.
En La Vela de Coro ha sido construido el Paseo Generalísimo Francisco de Miranda. En la ciudad mariana de Coro la máxima casa estudios fue fundada con el nombre de Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda.
Aunque los restos se desintegraron para siempre en el arenoso subsuelo de la ciudad andaluza de Cádiz, las huellas del pensamiento del Precursor fueron rescatadas del olvido en 1929, cuando los 63 tomos de su archivo de documentos personales fueron encontrados en un castillo inglés y traídos a Venezuela, donde reposan en Caracas en la sede de la Academia Nacional de la Historia.
(*) Cronista Oficial del Municipio Silva, estado Falcón.

28/03/2010

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