PERIODISMO CIUDADANO

Un marco legal hecho para los niños
El Estado venezolano ampara y promueve la lactancia materna

Apenas el bebé nace, el olor del líquido amniótico que impregna su ser lo conduce directamente al pecho materno, de olor similar. En ese mágico encuentro, el neonato que busca alimento y la madre que lo acoge en su seno sellan la impronta que se establece desde el momento en que ocurre el primer amamantamiento, sin duda, el más importante de todos

CARACAS, (ABN/ Lena Jahn).- Luchar por un marco legal que proteja y promueva la lactancia materna en Venezuela ha sido una de las líneas de trabajo más humanistas que el Gobierno bolivariano ha incluido en su agenda social.
Así lo refleja, entre otras cosas, el hecho de que la disposición de las madres venezolanas a amamantar a sus hijos se haya incrementando en un 27% entre los años 2006 y 2008, de acuerdo al estudio Lactancia Materna y Alimentación de Niños y Niñas Menores de Dos Años aplicado por el Instituto Nacional de Nutrición (INN).
Y es que en estos últimos cinco años se han registrado importantes avances en el marco jurídico que ampara esta práctica. Uno de los logros más recientes se materializa en la Ley de Promoción y Protección de la Lactancia Materna, publicada en Gaceta Oficial del 6 de septiembre de 2007.
Paralelamente, el Ministerio del Poder Popular para la Salud cuenta con herramientas propias para colaborar en la materia. Una de ellas es la Resolución 405, encaminada a regular la rotulación de fórmulas para lactantes mediante el correcto uso de etiquetas en productos sucedáneos de la leche materna que recuerden a los compradores que ésta es irreemplazable y constituye el alimento ideal para niños y niñas menores de dos años.
En segundo lugar, la Resolución 444, dirigida a regular, promover, proteger e impulsar en todos los establecimientos de salud la política y práctica de la lactancia materna, como una estrategia por excelencia de calidad de vida y salud que protege los derechos de los niños, las niñas y la mujer.
Asimismo, mediante resolución conjunta entre los ministerios de Salud y del Trabajo, se garantizó a la madre trabajadora el derecho a dos descansos diarios para amamantar a su hijo, de media hora cada uno en caso de que su centro de trabajo cuente con una sala de amamantamiento o, en caso contrario, de una hora cada uno.
Adicionalmente, las madres venezolanas y sus hijos cuentan con el respaldo legal de instrumentos como la Ley Orgánica de Protección al Niño, Niña y Adolescente (Lopna), en sus artículos 43, 44, 45 y 46; y la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, en su artículo 51, numeral 3, alusivo a la violencia obstétrica en el caso de impedir el amamantamiento del bebé inmediatamente después del alumbramiento.
Por su parte, la Ley de Protección de la Familia, la Maternidad y la Paternidad contempla 14 días continuos de permiso postnatal para el padre, le garantiza a éste un año de inamovilidad laboral luego del nacimiento de su hijo y amplía este período a dos años para la madre.
Todos estas medidas constituyen aportes del Estado venezolano para pintar una escena cada vez más armónica donde las madres asimilen la práctica del amamantamiento como un derecho inviolable y hallen, en las diversas legislaciones, herramientas inquebrantables para hacerlo cumplir.

Impronta de amor

Apenas el bebé nace, el olor del líquido amniótico que impregna su ser lo conduce directamente al pecho materno, de olor similar. En ese mágico encuentro, el neonato que busca alimento y la madre que lo acoge en su seno sellan la impronta que se establece desde el momento en que ocurre el primer amamantamiento, sin duda, el más importante de todos.
En esta primera hora posterior al alumbramiento, dar pecho al recién nacido supone una práctica de importancia capital para madre e hijo, quienes estrechan su primer y más sólido vínculo una vez cruzada la meta de los nueve meses.
En el momento en que el bebé comienza a succionar estimula dos hormonas de la madre: la prolactina y la oxitocina; destinadas en principio para la producción y la extracción de la leche, respectivamente.
Sin embargo, la función de estas hormonas va mucho más allá. Mientras la prolactina despierta el espíritu protector y defensor en la madre, la oxitocina es responsable de que ésta permanezca en vigilia y atenta a las necesidades del bebé, al tiempo que reduce significativamente sus niveles de estrés.
En consecuencia, el vínculo emocional que se genera es tan fuerte que una madre que amamanta a su hijo durante las primeras horas que siguen al parto muy difícilmente se separa de su bebé, por lo cual incentivar esta práctica contribuye directamente en la disminución de niños abandonados.
Las bondades también son extensivas a la madre, quien al dar pecho durante la primera media hora después de dar a luz estimulará una serie de contracciones uterinas ideales para agilizar el descenso de la placenta y disminuir el sangrado, reduciendo los riesgos de hemorragia postparto y anemia.
Ocurre lo propio durante el primer semestre, período en el cual la madre no verá la menstruación si amamanta de forma exclusiva, a libre demanda y sin restricción; es decir, sin establecer horarios específicos para que el bebé se alimente, los cuales sólo disminuyen la producción de leche y perjudican al niño.
Las madres que amamantan por períodos largos tienen menos posibilidad de sufrir de osteoporosis y cáncer de ovario y de útero.
Por otra parte, además del vínculo emocional y la ganancia en salud que comporta la práctica de la lactancia materna, amamantar se traduce en una economía familiar importante, sin mencionar la brecha en salud que existe entre los niños amamantados y los alimentados con fórmula, ya que estos últimos se enferman con más frecuencia y requieren de un gasto adicional en medicamentos y consulta médica.

Falsas creencias

Son muchos los mitos que giran en torno a la práctica de amamantar, producto de elementos culturales erróneos que se han ido transmitiendo de generación en generación. Entre ellos, destaca la creencia de que el recién nacido requiere de preparados y fórmulas que complementen la lactancia materna.
El Programa Nacional de Lactancia Materna del Ministerio para la Salud hace un llamado permanente a que los bebés sean amamantados de manera exclusiva, a libre demanda y sin restricción durante los primeros seis meses, período en el cual el 100% de los requerimientos nutricionales del infante están garantizados con la leche materna.
A partir de los seis meses y hasta los dos años debe continuarse con la lactancia materna de forma complementaria, fusionándola con alimentos locales -como la fruta de la temporada- para elaborar papillas, purés, cremas, etc., con lo cual la madre no tiene que gastar en fórmulas que imitan al calostro.
Es imprescindible que mínimo hasta los 18 meses que el niño sea amamantado, pues así recibe ácidos grasos esenciales para formar su cerebro que no están contenidos en las costosas fórmulas que venden en los supermercados y farmacias.
De allí que la importancia de que la legislación proteja a los niños y niñas de la comercialización inadecuada de productos industrializados que desalientan la lactancia materna y que desde el punto de vista inmunológico no protegen de enfermedades como malnutrición, diabetes infantil y trastornos cardiovasculares.
Asimismo, está contraindicada la leche completa en niños menores de dos años, pues genera hemorragias gastrointestinales, y una vez transcurridos los primeros 24 meses debe evitarse su consumo excesivo, pues podría derivar en lesiones renales en los infantes.
Otro mito muy arraigado es aquel que apunta a que la madre que amamanta debe comer por dos. No es así, lo que se requiere es una alimentación similar a la que precisa un embarazo: balanceada y que conjugue todos los grupos alimenticios.
Es igualmente falsa la creencia de que una madre que amamanta debe dejar de hacerlo en caso de salir embarazada, así como la referida a la incompatibilidad de ciertos medicamentos, pues son muy pocas las medicinas que no son compatibles, como las de tratamiento anticanceroso o las que se emplean para tratar el bocio.
Entre las creencias erradas es también usual escuchar que por la forma o tamaño del seno o del pezón la práctica de la lactancia materna está negada para algunas madres, puesto que el 99% de las mujeres está capacitada para amamantar.

Promoción permanente

Como parte de la celebración de la Semana Mundial de la Lactancia Materna, que desde 1992 se conmemora del 1 al 7 de agosto, diversas organizaciones públicas y privadas del país han llevado a cabo actividades alusivas al tema. Sin embargo, desde el Gobierno Nacional y en muchos organismos el esfuerzo es permanente durante todo el año.
Tal es el caso del Instituto Nacional de Nutrición, que desde los años 50 viene implementando acciones que protegen y promueven la lactancia materna como estrategia fundamental para disminuir los índices de morbilidad y mortalidad materno infantil.
Constantemente se llevan a cabo talleres nacionales dirigidos a defender la lactancia amparados en el marco legal que protege la legitimidad de este derecho de madres e hijos, y trabajan con los comités de salud de los consejos comunales, asociaciones vecinales, con el personal de salud de las diferentes instituciones y con las madres directamente.
La labor es cuesta arriba, pues se trata del Estado compitiendo contra la mercado de capitales de la industria farmacéutica y de alimentos que promociona el uso y abuso de fórmulas lácteas; no obstante, la difusión de información está en curso mediante programas divulgativos financiados por el Gobierno Nacional.
Asimismo, desde el Ejecutivo se articulan esfuerzos para que madre y lactancia sean compatibles con el trabajo, para lo cual es necesario un trabajo de orientación en cuanto a los métodos de extracción, conservación y administración de leche para que quien cuide a su bebé pueda alimentarlo.
Una vez extraída la leche manualmente, ésta permanece en perfecto estado a temperatura ambiente durante seis horas, en la nevera durante 72 horas y refrigerada por tres meses y más, sin sufrir cambios en su composición y sabor, por lo cual es viable que cada madre fabrique su propio banco de leche.
Para administrarla sólo hay que dejarla a temperatura ambiente, no necesita calentarse, y si es necesario apurar el procedimiento puede hacerse en una especie de baño de maría con el fuego apagado, nunca en el microondas o directo al calor.
La legislación venezolana ha estipulado el derecho que tiene la madre trabajadora de disponer de un tiempo adicional durante sus descansos laborales para que amamante ella misma a su hijo, por lo que una de las metas es propiciar la creación de salas de amamantamiento en los lugares de trabajo.
Incentivar el hábito de amamantar constituye una labor de suma importancia que requiere esfuerzos conjuntos de la sociedad, ya que desde el punto de vista nutricional la leche materna es el alimento ideal, desde el punto de vista inmunológico es la primera vacuna que el niño recibe y desde el punto de vista emocional el vínculo indestructible madre-hijo.
07/08/2009

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