PERIODISMO CIUDADANO

Francisco de Miranda y su “célebre batalla de Valmy”

Francisco de Miranda, que había presenciado en 1789 los inicios de la Revolución Francesa, desde Londres, en 1792 la veía peligrar, debido a la reacción de las monarquías europeas y parte en su auxilio.

El 23 de marzo llega a París, se reúne con el Alcalde de la ciudad Jerónimo Petión y con los más importantes diputados girondinos. El Ministro de Guerra José Servan, al tanto de su enorme trayectoria, su lucha contra los moros en el norte de África, sus campañas por mar y tierra en la revolución norteamericana, su conocimientos de los más importantes establecimientos militares de Europa, su grado honorífico en el Ejercito Imperial Ruso, además de sus elevadas dotes diplomáticas, le ofrece el grado de Mariscal de Campo del Ejército Revolucionario de Francia. Miranda exige como condiciones que se le dé el grado y la paga de Mayor General, que al finalizar la guerra se le garantice un ingreso equivalente a su paga militar y que su campaña por la independencia de Hispanoamérica fuese debidamente considerada.

Antecedentes de la Batalla de Valmy…

Los reinos europeos rechazaron la revolución, invadiendo Francia el 18 de agosto con un ejercito conformado por Prusia, Austria y los exiliados franceses bajo el mando del Duque de Brunswick, con el Rey Federico Guillermo II de Prusia como comandante supremo. Los invasores capturan a Longwy y marchan hacía Verdun que tiene menos defensas, desesperado su defensor, el coronel Beaurepaire, se disparó un balazo y la ciudad se rindió el 3 de septiembre, entonces Brunswick marcha hacía París para acabar con la revolución.

Miranda logra la primera victoria de la Revolución Francesa…

El Mariscal de Campo Miranda se incorporó el 11 de septiembre a las órdenes de Dumoriez en el Ejército del Norte y recibe el comando de una división en el ala derecha, enviado a Argonne en una veloz y atrevida marcha, casi bajo los mismos ojos de la guardia de avanzada prusiana del General enemigo Conde Kalkreuth, a la cabeza de 6.000 prusianos la mayoría a caballo. He ahí donde se manifiesta la gloria de nuestro adalid universal. A las once de la mañana del 12 de septiembre, con sólo 2.000 hombres ataca al enemigo cerca de la aldea de Morthomme, terminando a las seis de la tarde en el pueblo de Briquenay, no lejos de donde pronto se realizara la celebre batalla. Esta fue la primera victoria de la revolución, hecha a los hasta ese día invencibles guerreros prusianos. Luego de esta acción, en dos oportunidades más Miranda espada en mano en el frente, reanima a las tropas en escaramuzas donde eran severamente escarmentadas, dejando todo listo para la gloria de Valmy.

La gloriosa Batalla de Valmy…

Considerada una de las quince batallas decisivas del mundo, ya que si hubieran perdido los franceses se hubiera propiciado la derrota de la Revolución. Comenzó en la lluviosa mañana del 20 de septiembre de 1792, con un intenso cañoneo prusiano, respondido valientemente por la artillería francesa, casi 400 franceses y 84 prusianos mueren. Ese día del cañoneo de Valmy, como sería conocida la batalla, la resistencia francesa cambió el curso de la historia al propiciar la retirada prusiana. El universal poeta Johan Wolfgang Von Goethe, que acompañaba a Brunswick, inmortalizaría esta frase “Aquí y hoy, comienza una nueva era en la historia del mundo”, diez días después el ejército invasor comenzó su retirada de Francia. Fue la primera victoria de un ejército inspirado por la ciudadanía y el nacionalismo, iniciando el fin de las monarquías absolutas. Nuestro futuro Precursor combatió gloriosamente, estuvo en el duelo de artillería y sus victorias ayudaron a elevar la moral francesa. Francia, agradecida grava y conserva su nombre en el Arco del Triunfo y le erige en el campo de batalla, un imponentemente monumento en bronce en su honor, realizado por el gran escultor venezolano Lorenzo González (en Puerto Cabello, hay una replica de este monumento, hecha por Julio Cesar Briceño). Los ecos de la victoria de Valmy resonaron en toda Europa. En Paris, sus amigos girondinos estaban jubilosos, Un día después de la victoria de Valmy, la Convención Nacional votó la abolición de la Monarquía y el 22 de septiembre nació La Primera Republica Francesa. Petion, Presidente de la Convención Nacional dice: "Miranda se ha comportado como un oficial de experiencia y excelente ciudadano que sabe cómo merecer la confianza de los soldados que están bajo su mando. No se trata tan sólo de asegurar la libertad de Francia sino la del mundo entero. Nunca lucharemos por una causa más grande o más noble. Que le vaya bien. Le abrazaremos después de la victoria”.
Los servicios a la revolución no terminaron en Valmy…

El 3 de octubre, Miranda es promovido a Teniente General, bajo su dirección los ejércitos franceses empezaron a desarrollar organización y disciplina, captura Antwerp y abrió el río Scheldt a la navegación, invade Amberes y toma el mando del ejército en Bélgica, luego se ve forzado a levantar el sitio de la ciudad de Maastricht (Holanda) y la derrota de Neerwinden (Bélgica) lo obliga a retirarse. El gobierno francés planea enviarlo a Santo Domingo en Haití, para someter a la rebelión de los esclavos negros y mulatos que luchan por su libertad, pero Miranda se niega, doce años después Haití agradecerá esta acción del más preclaro de los americanos, apoyándolo en su expedición libertadora y entregándole la celebre espada Durandal, la misma que utilizo Petión y la misma que utilizara Bolívar en su lucha por la libertad.

El inexplicable misterio del fantasma de Valmy…

El historiador Arnau Lucas, 47 años después traza el lado misterioso de esta batalla en su artículo titulado "1792 el fantasma de Valmy" para tratar de explicar la razón de por qué el rey de Prusia retiró sus tropas antes del asalto, cuando tenía probabilidades de aniquilar las tropas de la República, es todo un misterio, el mismo Napoleón dijo que aquella inesperada retirada de Federico Guillermo II, era para él, un problema sin solución explicable. Sin embargo en 1839, el "Diario de las Ciudades y de las Provincias", publicó un artículo extraordinario que bien podría contener la clave de ese enigma. Según ese periódico, el rey de Prusia habría vivido, días antes de la batalla de Valmy, una curiosa aventura, el 15 o 16 de Septiembre, los prusianos, seguros de su próxima victoria, dan en Verdun, una noche de gala presidida por Federico Guillermo II, dónde se encuentran mezclados los oficiales del Duque de Brünswick y los emigrados Franceses que esperan ver la derrota de los ejércitos de la República Francesa. De repente, un hombre vestido de negro se acerca respetuosamente al rey de Prusia y le susurra algo al oído. El monarca palidece, acaba de oír una frase que conoce muy bien, es la contraseña de los Rosacruces. -¿Vuestra Majestad desea seguirme? añade el hombre a oídos del soberano. Sin pedir explicaciones, el rey de Prusia se disculpa ante los invitados y obedece a aquel extraño personaje, este le arrastra por una escalera que les lleva al sótano, penetran en una sala con las paredes revestidas de paños negros, iluminada por antorchas fijadas sobre trípodes funerarios, una voz siniestra de ultratumba le paraliza y le hiela la sangre: -¡Párate!¡No salgas de aquí sin haberme oído antes!, el rey ve aparecer el espectro de su tío, Federico II "el Grande de Prusia”, con su rostro enjuto, su perfil delgado, sus hombros encorvados, sus ojos vivos, su cara mal afeitada, e incluso su nariz embadurnada de tabaco (un detalle que le marca). Lleva su legendaria casaca Silesiana, su bicornio, y se apoya en su bastón, como antaño. Se cree que Federico Guillermo II, haya sido víctima de una maquinación que ha dio buenos resultados. Se conocían sus gustos por el ocultismo y la magia, se le sabía crédulo, impresionable. Nada era más fácil que engañarle en esas circunstancias. Estaba acostumbrado a la puesta en escena fúnebre de las logias masónicas de su época. También hay que tener en cuenta que, entonces, Alemania atravesaba una extraordinaria crisis mística y filosófica. Las sociedades secretas pululaban y florecían. La mayoría de los aristócratas pertenecían a algunas sectas de iluminados. Era campo abonado, puesto que estaban dispuestos a creer en todo y en cualquier cosa. Federico Guillermo II no era una excepción. Era un timorato, soñador, miembro de los Rosa/Cruz, que creía en los fantasmas y que no proyectaba nada sin haber antes consultado los augurios.
Nelson Vielma

24/02/2010