JUAN JOSE MORA

Salsa para todos
Generoso Jiménez García “Generoso, que bueno toca usted”


17 de julio de 2007, el equipo de Salsa para Todos guiado por un buen amigo llega a una residencia en el South West de Miami, más conocido como “La Sagüesera”, una especie de barrio latino pero habitado mayoritariamente por cubanos, repleto de restaurantes con pan al estilo cubano

Frijoles negros (caraotas) y lechón en todas sus modalidades y el infaltable café cortadito cubano. Estamos en la residencia de uno de los músicos cubanos más celebrados en la música, ¿No ha escuchado usted en las canciones de Oscar D’Leon la frase “Generoso, que bueno toca usted, Generooooso, Generoooooso” o del soneo del gran Benny More, la misma expresión? Hablamos nada más y nada menos que del gran trombonista Generoso Jiménez García. Hechas las presentaciones de rigor iniciamos la entrevista..
Edgar Lampe: Cuénteme de sus orígenes
Oyeeeeee, tú sí que te fuiste lejos. Yo nací en Cruces, cuando era provincia de Santa Clara en Cienfuegos. Un 17 de Julio del año 1917. El mismo día que murió un tío mío, hermano de mi padre, que se llamaba Generoso Jiménez García. Muriendo él, naciendo yo. Los apellidos los mismos por mi padre y él que eran hermanos. La madre de mi padre era García y la madre mía era García también. Por eso soy Generoso Jiménez García.
Douglas Marval: ¿Se dedicó a la música desde niño?
A los diez años fue que empecé a estudiar la música. Cuando yo tenía 7 años, nos mudamos para La Habana. Mi padre trabajaba allí en la compañía de Arquímedes Pous, una compañía del género bufo, de aquellas antiguas del negrito, el caballero, el gallego, el cocinero, la mulata y toda esa serie de desprestigios típicos de aquella época. ¡Aquello era un fenómeno vaya! Mi padre tocaba el trombón de pistones, mi tío la trompeta, mi abuelo el clarinete. Una vez a la semana daban un concierto en mi casa, donde iban los músicos sinfónicos y los músicos de la popular y yo filtrando (Escuchando y copiando). Entonces a los 10 años mi madre y mi padre se separaron y nos fuimos para Cruces otra vez con mi madre. El director de la escuela que me tocó, que era al mismo tiempo el maestro de cuarto grado, me dijo cuando yo me presenté, -No serás hijo de Pucho, y yo le dije- Si, ese mismo es mi padre. Eso me valió mucho, porque entonces me preguntó - Bueno y que vas a estudiar, yo le dije - No sé, me gusta la música. En ese momento no me dijo más nada. Cuando se terminaron las clases por la tarde, llamó a uno de los discípulos Juan Castro Vásquez. Pero este Castro no tenía nada que ver con los de la orquesta, ni con esos Castros tan buenos que tenemos allá en Cuba. Y me dijo – Mira, Castro te va a llevar a un lugar, ve con él. Me llevó al lugar donde ensayaba la banda. Allí me inscribieron y empecé a estudiar el solfeo, y me dieron un instrumento raro de esos que no se usaba mucho y que nadie lo quería. Ese instrumento que me dieron se llamaba la trompa, sucedido por la trompa o el cuerno de metal mucho tiempo después.
Todo el mundo quería tocar el clarinete, la trompeta, el saxofón. Luego pasé a tocar el trombón de pistones, figúrate yo pesaba 70 libras (33,4 Kg) y el trombón pesaba más que yo.
Ramón Montenegro: ¿Cuándo comienza a tocar en una orquesta?
Mi primer concierto lo toqué el 20 de mayo del año 1928 en Cruces. En el año 1935 perdimos al maestro que teníamos porque se fue para España. Nos juramentamos un grupito y empezamos a luchar solos, por nuestra cuenta. Seguimos estudiando con un libro y él que sabía más enseñaba a los otros, miren esto es así y así. Y en el año 1936 empecé a tocar con una orquesta.
E.L. ¿En qué lugares se presentaban a tocar?
El primer concierto fue en la glorieta (especie de plaza y redoma) del parque de Cruces. También íbamos a los bailes del campo que eran un fenómeno. Empezábamos a tocar a las ocho de la noche y entonces como a las cuatro de la mañana cuando se estaban terminando, sentías un ruido, “chas, chas”. Eran los soldados sacando candelita con el machete en el piso, decían: - Ustedes no se pueden ir, ahora vamos a bailar nosotros. Y teníamos que estar ahí hasta las seis de la mañana tocando y no pasaba nada, ellos eran los dueños del campo.
D.M. ¿Qué otro instrumento musical estudió?
Mi aprendizaje fue largo. Empecé tocando la botija. La botija era como un porrón con un huequito, se tocaba como una flauta. Cuando llevabas tres minutos tocando eso ya tú sabes, tenían que recogerte medio muerto.
Después tocaba la marímbula, que era una caja que tenía tres flejes arriba y tres abajo. Ya después el año 39 pase a tocar el trombón, pero ahí en la orquesta iba tocando otros instrumentos, la clave, la maraca.
Seguíamos luchando. Un grupo de músicos se fue a Cienfuegos, porque Cienfuegos para nosotros era como el Instituto, habían mejores músicos, mejores orquestas. Cuando tenía unos dieciocho años la directora de la orquesta me dijo - Mira Generoso yo me voy para Cienfuegos, pero quiero dejar un plan. Tu facilidad de improvisar te ayuda mucho. Un primer o segundo año que estudies de piano y ya te puedes sentar a tocar. Entonces conseguí los libros y empecé a estudiar el piano, ella era la profesora. En su casa vivían otras dos mujeres graduadas de piano. Cuando no estaba ninguna de ellas tres allí, caminaba media cuadra y estaban las hermanas Masa y sino la profesora Figueredo. Tenía seis maestras, en un pueblo racista, y las seis profesoras eran blancas. Yo nunca luché contra el racismo ni nada de eso, a mi lo único que me interesaba era aprender. Entonces empecé a tocar el piano en la orquesta y me defendía bastante bien.
R. M. ¿Cuándo forma su propia orquesta?
En el año 1939 formamos una orquesta y le pusimos “La rítmica del 39”, en Cruces. El flautista era Efraín Loyola, padre de José Loyola el musicólogo. El bajista se llamaba Orestes Aragón ¿le dice ese nombre algo? Y otros dos músicos de Cruces y Ranchuelos. Pero las cosas no nos iban muy bien. Nos daban diez centavos y el dueño de la plaza decía - Yo les voy a dar 15 centavos para el pasaje. El pasaje de ida y vuelta costaba 60 centavos, así que figúrese usted. Los directores de la orquesta no ganábamos nada.
E. L. ¿Cuándo se marcha para Cienfuegos?
Por esos años me salió un trabajo en Cienfuegos para tocar el piano en una academia de baile. Ya tu sabes lo que era eso ahí, ‘un prosti’. Entonces el violinista Gilberto La Rosa que era codirector de la orquesta me dijo -mira Generoso me ofrecieron en Santa Clara una plaza de violín en la orquesta sinfónica, pero con la condición que tengo que estudiar el chelo, y me consiguieron un cuarto y una tabaquería para trabajar hasta las 12 del día. Y yo le dije - Bueno a mi me consiguieron una plaza para ir a tocar el piano en una academia de Cienfuegos. Así que reunimos la orquesta, y le dijimos - Bueno miren muchachos, aquí sucede esto, a ver quien se quiere quedar con la orquesta. Efraín Loyola dijo que no le interesaba. Aragón saltó y dijo - Bueno yo me quedo pero con una condición. Fíjate tú, poniendo condiciones y todo - Si me das el repertorio. Yo era el arreglista de la orquesta. Y me dijo - Como tu vas para Cienfuegos, haz alguna conexión ahí para que todas las semanas puedas ir a donde nosotros ensayamos para que nos sigas adiestrando, porque nosotros no conocemos nada, y así sucedió.
D. M. ¿Qué recuerdos tiene de esa época en Cienfuegos?
Cuando estaba en Cienfuegos, por el mismo año 39 me salió un trabajo con un circo inglés, Blacaman, y me fui a pasear toda la isla. Era un espectáculo con setenta cocodrilos y treinta leones, pero el dueño del circo era más león que los leones. Recorrimos todo el país, por Guantánamo conocí a Lilí Martínez, al negro Bibar, eran unos muchachones. Cuando el circo paró en Varadero dije - Que va me voy pa’ mi pueblo. Para entonces ya tenía como 30 discípulos. Un grupo de muchachos pudientes, que estudiaban todos en el Instituto de Cienfuegos, otros en los Maristas y otros estudiaban para contadores.
Pusimos la academia en los bancos del parque. Yo hablé con el teniente de la policía, y me dijo - Bueno escojan dos bancos ahí, pero no en el centro porque ahí se pasean los blancos solamente. Fuera del centro se paseaba todo el mundo y los negros se paseaban por la parte de afuera. El teniente de la policía me dijo - Así ustedes me van ayudar, vamos a acabar aquí con esos problemas del blanco y el negro. Éramos un grupo de veinte y tantos: Negros, blancos, pudientes, algunos que por la mañana tenían que ir al central a carretillar azúcar. !Aquello era un fenómeno! Luego entre ellos se reunió un grupo de blanquitos y me dijeron – Generoso vamos a formar un conjunto. Metí dos trompetas, el contrabajista, bueno aquello era más de una orquesta y cogimos el programa estelar en la planta de radio.
Nos pagaba cincuenta centavos, entonces figúrese usted, no se podían repartir cincuenta centavos entre tanta gente.
R. M. ¿Y cómo se las arreglaban?
Déjeme que le cuente, aquello no duró mucho. En la radio nosotros mismos nos anunciábamos. Un día íbamos a tocar un motivo afro que se llamaba “No quiero guerra” y un miembro de la orquesta, que era miembro del partido comunista, me dice – Generoso este número yo lo voy a presentar y se echó a reír. Yo le dije - ¿Qué será lo que tú te traes entre manos? Y en eso oigo que empieza a decir: …ahora van a escuchar ustedes un motivo afro del capitán de la guerra libertadora de los comunistas de España, Julio Cuevas. ¡Abajo los americanos! ¡Viva el partido comunista! Ay mi madre que corre corre se formó, vino hasta el dueño de la planta. Al otro día nos reunimos y me botaron a mí. Había 4 comunistas en la orquesta, pero no se metían con ellos porque les tenían un miedo. ¿Sabe que hacían ellos cuando botaban a uno? Se vestían de sandwiches, con un cartón por adelante y otro cartón por atrás y el cartón decía no entre a comprar aquí porque aquí botaron a un trabajador. Ya tu sabes, tenían que reponerlo enseguida.
E. L. ¿Esa era la Orquesta Aragón?
Si, pero entonces me llamaron de la Orquesta Tropicana, donde compartí con músicos de la talla de Armando y Mario Romeu, Chico O'Farrill y Alejandro ''El Negro'' Vivar. Bueno en esa época me llamaban de varias orquestas tu sabes para darle a la música y me recogía una masita extra.
D. M. Cuénteme de Benny Moré
En 1952 asisto a una grabación en Radio Cadena Azul, allí conocí al gran Beny Moré, después por allá por el 1955 un día vino y me dijo: Epa, yo te necesito en mi banda, no se dijo más y empecé con la banda.
R. M. Y lo de “Generoso, que bueno toca usted”
Bueno, eso durante un concierto en 1956 allá en la tierra de ustedes, Venezuela, no recuerdo porqué, pero quedamos algunos minutos sin música. El gran Benny con su amplia sonrisa sacó su espontaneidad para inventar una canción que llenara el bache y empezó a celebrarnos a los miembros de la orquesta.
"!Qué bien bailas!", le cantó a uno de los miembros de la banda.
Y entonces vino... "¡Generoso, qué bueno toca usted!". Fue por esta frase, ja ja ja ja que el mundo supo que había un músico llamado Generoso. Nadie ha cantado en Cuba como Benny, porque él lo cantaba todo bien.
E. L. Pero dejó de tocar el trombón ¿Qué pasó?
Tú sabes, yo estuve dándole a la música con otras orquestas y en 1965 grabé un disco llamado “El Trombón Majadero” que ustedes los de la prensa han dicho que es un clásico de la música popular: El Trombón Majadero. Entonces el proceso revolucionario comenzó la radicalización y ahí vinieron a exigirme compromisos que yo no acepté. 'Primero vinieron a decirme que tenía que ir a cortar caña un domingo; luego que tenía que hacer guardia y vestirme de miliciano para poder viajar a los países socialistas', entones preferí irme a la calle y mantener a mis seis hijos vendiendo mangos, frituras, ron, velas... metido a bisnero.
D. M. ¿Cómo llega a los Estados Unidos?
Recuerdo exactamente la única otra ocasión en que viajé a Nueva York: Fue para un concierto el 18 de abril de 1959, apenas cuatro meses después del triunfo de la rebelión armada de Fidel Castro.
La segunda vez fue porque en el 2002, el trombonista ya finado Juan Pablo Torres y el productor alemán Detlef Englerhard, fueron a La Habana a producir y grabar el disco “Generoso, que bueno toca usted”, con la Gran Afrocuban Orchestra una banda armada por ellos, que fue nominado al Grammy al año siguiente. Entonces las autoridades cubanas permitieron mi salida para la ceremonia del premio en Nueva York. Regresé a mi Cuba y al año siguiente me invitaron a Miami para una actividad artística y ya no quise regresar, aquí me siento respetado por mi música y como ser humano, los últimos años que viví en Cuba los recuerdo con mucha amargura''. Y como para completar el asunto pues en el 2005 me dieron el Grammy de Excelencia Artística. Tengo ya varios discos hechos aquí y tocado algunos bailes.
R. M. ¿Está cumpliendo 90 años y piensa en el retiro?
Oyeeeeeeee ¿No estás como muy joven para eso?
R. M. ¿Cómo?
¡Es un chiste chico! No, que va, me siento muy saludable y ahora es que tengo cosas que hacer, he empezado a defenderme, sigo estudiando el trombón todas las mañanas y estoy metiendo ya unos cuantos pitazos, estoy casi llegando a sentirme cómodo después de 24 años sin coger un trombón. Ya lo verán, cuando Generoso diga ¡Aquí estoy yo!. Hay unos cuantos proyectos sabrosos que van a salir después del cumpleaños.
E. L. Muy agradecido por el valioso tiempo que me ha dedicado para esta entrevista.
Nooooooooo chico, que va, el agradecido soy yo, estas conversaciones son bien sabrosas.
Allí dejamos con su risa sonora al que fue una de las más grandes leyendas del trombón en la música cubana, lamentablemente dos meses después el sábado 15 de septiembre de 2007 victima de un infarto renal fallece en el hospital de Coral Gables, en la Florida, USA.


Salsa en el Barrio
Cada sábado tienes una cita con Edgar Lampe y Douglas Marval en Océano 91.1 FM y el programa Salsa en el Barrio, donde se derrama el tarro del sabor y el bembé con todo el movimiento musical salsero, entre 3 y 6 de la tarde, puedes conectarte a través del número 0242-3021525, 0412- 5368525, el 0412- 3428982 o la página www.ocenao911fm.com, para que disfrutes de lo mejor de nuestra música Caribe.

18/07/2010