PERIODISMO CIUDADANO

La conspiración de Gual y España

Con este nombre se conoce en la historia venezolana al movimiento revolucionario que buscaba liberar a Venezuela del colonialismo del imperio español, iniciado en el puerto de La Guaira a mediados de 1797 y que finalizó el 8 de mayo de 1799.

El Capitán de Infantería y hombre de refinada cultura Manuel Gual y el Teniente de Justicia de Macuto José María España, fueron los principales cabecillas de este intento de liberación de España.
En esta conspiración desempeñaron un importante papel unos revolucionarios españoles, dirigidos por el educador y escritor Juan Bautista Picornell, los mismos habían pertenecido a una logia masónica madrileña que había organizado en la capital de España un Golpe de Estado que tenía como propósito derrocar el régimen monárquico e instaurar una República al estilo de la francesa.
Este movimiento en el que también estaban implicados el profesor de matemáticas Sebastián Andrés y el de humanidades José Lax, así como el miembro del Real Colegio de Pajes, Manuel Cortés Campomanes, debía estallar el 3 de febrero de 1796, día de San Blas.
Este golpe fue delatado antes de lograr su objetivo y los comprometidos fueron apresados, juzgados y condenados a muerte, pero gracias a la intervención del embajador de Francia, esta pena les fue conmutada por la de prisión en América.

El traslado de los
conspiradores de “San Blas”

En diciembre de 1796 y a comienzos de 1797, los cuatro conspiradores europeos comenzaron a llegar al puerto de La Guaira, donde se les confino en las bóvedas del Castillo San Carlos.
Manuel Gual y José María España, contactaron a Picornell y sus compañeros, fortaleciendo sus ideas revolucionarias y así comienza a gestarse el movimiento conspirador en Venezuela.
El movimiento tuvo su foco en La Guaira desde donde se extendió rápidamente a Caracas. Esta conspiración estaba bien organizada, tenía una serie de documentos teóricos e instrucciones de carácter organizativo práctico.
Inclusive se previeron cantos revolucionarios como la “Carmañola Americana”, inspirada en la “Marsellesa Francesa”.
Este fue el primer movimiento organizado que diseña para la América española la conformación de un gobierno republicano y la igualdad de sus habitantes sin distingos de raza o condición social.
En esta componenda participaron personas de todas las clases sociales, exceptuando a los aristócratas mantuanos, participaron comerciantes como Manuel Montesinos Rico, abogados como Nicolás Ascanio y Luis Tomás Peraza, ingenieros militares como Patricio Ronán y Juan Lartigue de Conde, funcionarios de la Real Hacienda como Joaquín Sorondo, Juan José Mendiri, Martín Goinaga; y el párroco de La Guaira, Juan Agustín González.
También formaron parte de la conspiración muchos artesanos, muchos sargentos, cabos y soldados, unos pardos y algunos blancos.
Los objetivos de Manuel Gual y José María España era, la destitución de las autoridades españolas de Venezuela, la libertad de comercio y producción, la creación de una Republica con la unión de las provincias de tierra firme de Caracas, Maracaibo, Cumaná y Guayana

La reacción española

Esta conspiración, fue delatada el 13 de julio ante el Capitán General Pedro Carbonell, quien ordeno una persecución contra los conspiradores, en la cual resultaron detenidos 49 criollos y 21 españoles.
Tanto Gual como España escaparon a la vecina colonia inglesa de La Trinidad y recorrieron las islas de Curazao, Guadalupe, Martinica, Saint Thomas, Saint Croix y Trinidad, debido a la persecución de España que ofrecían 500 pesos de recompensa y en caso de presentar resistencia la cantidad aumentaba a 10.000 pesos por Gual y de 5.000 pesos por España.
A pesar de esta recompensa por su captura, en 1799, José María España, regresó secretamente a Venezuela, siendo apresado en La Guaira y enviado a Caracas.
La Real Audiencia, lo condenó a la pena de muerte el 6 de mayo y fue ahorcado el 8 en la Plaza Mayor, su cuerpo fue descuartizado.
Manuel Gual, permaneció en la isla de Trinidad, desde donde se comunicó con Francisco de Miranda, que estaba en Londres. El 25 de octubre de 1800 murió en San José de Oruña en Trinidad, probablemente envenenado por un espía.
Aunque esta Conspiración fracasó como movimiento revolucionario, los textos que se difundieron tuvieron una considerable influencia en el movimiento emancipador de Hispanoamérica.
El documento más importante que emanó de este complot, fue el de “Los Derechos del Hombre y del Ciudadano” y un discurso preliminar dedicado a los americanos, el cual contenía como parte central el texto de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, traducidos de la declaración francesa que precedió al acta constitucional del 24 de junio de 1793.
Esta conjura es la de mayor contenido teórico, la más orgánica y la más completa, con perfecta definición de los ideales y los fines, de todos los movimientos precursores de la independencia americana.

Muerte de José María España

Para darnos una idea del celo de España por mantener el control sobre sus colonias de ultramar, vasta con observar el castigo infligido a José María España. En este sentido nos bastara con la versión de los hechos, que hace el más popular de los escritores venezolanos del siglo XIX, Juan Vicente González.
“El 8 de mayo de 1799, la ciudad de Caracas vestía de luto, las puertas estaban cerradas, colgadas de negro las ventanas y la voces llorosas de las mujeres que rezaban adentro, el tañido de las campanas que tocaban con agonía y el aire pavoroso de los unos, grave y apesadumbrado de los otros, anunciaban un acontecimiento terrible.
Poco pueblo, alguna tropa y niños precedidos por sus maestros, ocupaban la Plaza Mayor y veían salir con ansiedad extraña, desde la cárcel publica, hoy reemplazada por la Casa de Gobierno, un grupo confuso, que se acercaba lentamente, compuesto de soldados y de frailes de todas las ordenes, rezando estos, prestas las armas aquellos; y de hermanos de la caridad y de Dolores con vino y agua en las manos con un platillo, en que recogían limosna al fúnebre son de estas palabras: “hagan bien, para hacer bien por un hombre que están por ajusticiar”
Venia realmente un bulto indefinible sobre una manta levantada por unos hermanos y tirada de vil caballo, con quien hablaban alternativamente dos sacerdotes y que parecía escuchar con entereza y dejarse ir voluntariamente a donde le llevaban. Era Don José María España, que era arrastrado hasta el último suplicio. Tendría como cuarenta años y sin la blanca mortaja que le envolvía habríase admirado un hombre de ademán resuelto, de agradable y gentil presencia. Por entre el ruido monótono de las armas, la salmodia del clero, los dobles de las iglesias y el dolorido acento de los que pedían por su alma, resonaba la dura voz del pregonero, que iba delante pregonando la sentencia que le condenaba: “Los señores Presidente, Regente y Oidores de esta Real Audiencia, en consecuencia, confirmación y ejecución de las providencias dadas contra José María España, reo de alta traición, mandamos que, precedidas sin la menor dilación las diligencias ordinarias conducentes a su alma, sea sacado de la cárcel arrastrado de la cola de una bestia de albarda y conducido a la horca, publicándose por voz de pregonero sus delitos; que muerto naturalmente en ella por manos del verdugo, le sea cortada la cabeza y descuartizado; que la cabeza se lleve en una jaula de hierro al puerto de La Guaira y se ponga en el extremo de una viga de treinta pies, que se fijara en el suelo a la entrada de aquel pueblo por la puerta de Caracas; que se ponga en otro igual palo uno de sus cuartos a la entrada despueblo de Macuto, en donde oculto otros gravísimos reos de Estado, a quienes saco de la cárcel de La Guaira y proporciono la fuga; otro en la vigía de Chacon, en donde tuvo ocultos los citados reos de Estado; otro en el sitio llamado Quitacalzon, río arriba de La Guaira, en donde recibió el juramentote rebelión contra el Rey y otro en La Cumbre, donde pensaba reunir la gente que iba a mandar; que le confisquen todos los bienes que resultaren ser suyos y se ejecute; digno castigote quien tramo contra el orden publico, sin detenerse en la consideración de los males gravísimos que debía espera de semejante empresa, el derramamiento de mucha sangre inocente, los robos, los incendios, la ruina de las familias, el desorden, la confusión, la anarquía con todos los otros males consiguientes a ella, y especialmente el agravio y menosprecio de la religión.”
Esta descripción de Juan Vicente González, da una idea de la magnitud del castigo que se le infligían a quienes aspirasen y accionasen por la libertad de nuestra patria, pero tan implacable castigo, debió producir los efectos contrarios, pues una década mas tarde, se desataría la gran vorágine libertaria que rompería las cadenas que nos impuso el Imperio Español.

31/03/2010

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