CULTURA

Quién no cierra sus ojos y se deja escuchar…
La poesía también puede ser un puente

Hay momentos que se guardan celosamente en la memoria, incluso cuando el corazón ya ha atravesado esas situaciones que le han dejado grandes heridas o alegrías, se vuelve más sensible y fuerte a la vez, ya que esas realidades -que se atraviesan a diario- sobrepasan todo entendimiento y determinación a la postura que se puede llegar a tener ante la vida.

Veámoslo de esta manera: si por casualidad las situaciones que nos ocurrieron en el pasado están cargadas de malos ratos, el simple hecho de haber dejado que transcurriera el tiempo nos hace entender que la paciencia si nos puede llevar lejos, nos fortalece ante los problemas y nos hace acreedores de una fuerza interior que es vital para seguir adelante y no estancarse en los pasos de la vida… y si por el contrario tu pasado está lleno de cosas buenas significa que has encontrado una manera de ser mayor que tus propias desavenencias y conflictos, eso te crea una constante relación con la forma libre y auténtica de la vida, pero permanecer en ese bienestar perenne es probablemente lo más difícil. En ambas ocasiones existe una persona que las habita y que puede ser cualquiera, pero en este caso específico vamos a enfocarnos en aquellas que sobreviven a la alegría y al dolor de la misma manera, podemos encontrar que ellas en muchas ocasiones utilizan la palabra como especie de puente para poder entender las cosas que nos rodean y a la que algunas veces hasta tienen miedo de sus impresiones casi premonitorias. Para ello, la poesía nos permite escuchar a muchas personas que -como yo- escriben su pasado y comentan las bondades y temores con la fuerza del que sabe que si no lo hace puede que vuelvan a suceder.

Entender el significado de las palabras, es dejar por sentado que sí existió esa realidad sin duendes ni unicornios ni la oscuridad plena que muchos creen que se convirtió sus vidas. Por eso, sin lugar a dudas, el poeta deja ver la clara realidad que nos arropa y aconseja en el camino a seguir. De manera que ellos cierran los ojos y dejan ver sus realidades para ser el puente que los une con los que vivieron las mismas experiencias pero no tienen voz. En todo caso la poesía nos acerca a lo más íntimo del ser humano sin convertirse en algo grotesco o cursi. Existen excepciones pero, por lo general, no logran entender que la poesía no se trata del que tenga las mejores palabras para contar su historia, sino quién la hace más propia. Un buen artista es capaz de hacer lo que muchos utilizan en sus escritos que son la autoevaluación y el contar las historias propias para entender al resto de las personas. Un poeta caraqueño Padilla tiene un poema breve que considero tiene mucha relación con lo que percibo de la poesía en un nivel más crítico que personal.

A continuación les presento el poema de Gabriel Padilla.
Los hombres hacen puertas
Porque se creen dueños de su destino
La vida en cambio
Sólo tiene portales sin hojas
No sabes si entras o sales
Encrucijada
Sales a otra salida
Sales eternamente

Otro caso en el que podemos hacer alusión en la poesía, es la idea de crear y argumentar sobre lo que ya hemos realizado desde un punto de vista porque es la única forma de poder -en realidad- repasar los votos que hicimos con la vida misma para ver si hemos tomado el camino correcto o si desafortunadamente nos hemos desviado creyendo que lo hicimos muy bien al tomar un atajo que nos alejó de nuestros sueños. El silencio que nos queda son las cenizas que analizamos dentro como si estuviéramos estudiando el por qué de las despedidas, de los amores y las historias inconclusas, los trabajos fallidos y nos damos cuenta que todo está relacionado y que los restos de esas vivencias se quedan en nosotros y nos van formando como el rompecabezas que cambiamos constantemente y que solo terminamos de armar el último día de nuestras vidas. Hablar con otras personas puede que no funcione tanto para el poeta como el poder hablar con ellos mismos. Entonces por análisis, interpretación o simple curiosidad dejémonos llevar por el pincel de uno de los poetas favoritos de la Venezuela contemporánea, Gustavo Pereira, el poeta que nos relatará su poema más original y único.
Cuaderno terrestre
Gustavo Pereira
No hay histerias ni odios
Simplemente repaso mi cuaderno terrestre
Y allí encuentro alfileres
Costumbres
Torpezas
Palabras simplemente
Y malosa días tristeza
Y buenos pantalón
Y oscuros ramalazos sin aire ni concierto
E invisibles derrotas no sumadas al alma.




Actualmente la poesía no es únicamente una muestra del dolor o la muestra de la camisa que se usó en el día más importante de nuestras vidas, la noche cristalina sobre el mar o la nieve que se apegó a ti como estrella al cielo despejado. La poesía es mucho más que eso, es la consecución de la palabra misma que se hace casa y cárcel y que puede llevarnos lejos si somos inteligentes para entender que no es un asunto de cerebro sino de corazón. Tal vez no todos lo entiendan así y es válido tener otras impresiones de una misma cosa, pero si de verdad hay algo que te importan más que el resto de las cosas, entonces entenderás de días eternos y lugares en donde se pueda soñar sin tener que decir una palabra. El amor es seguridad en la poesía, de hecho, muchos tienen la errónea percepción de que los poemas son cartas de amor que se escriben al aire, pero cuando uno lee y se instruye se da cuenta que es mucho más que eso, que tal vez es el inicio de todos los poetas, así como el abecedario que se deba atravesar para ver las cosas de otro ángulo más personal y perfecto. El poema que leeremos ahora es la consecución de lo que hemos visto. El poeta falconiano Orlando Oberto Urbina escribió un poema gráfico breve que ciertamente se acerca a lo que expresamos.
Siete
Orlando Oberto Urbina
Aún siento ese silencio
Que
Tu
Lenguaje va ocultando
En la reflexión
De
Mis
Días
Disueltos
En
Una
pesadilla
que
despierta
el
instinto animal
que
soy
en el olvido
eterno
de tu presente.

Es importante que la vida nos deje acertijos que se convierten en los viajes que realizamos a lo largo de nuestra vida y que cada palabra llegue a ti con un propósito muy cercano a tu situación y más importante aún que seamos capaces de verla e identificarla. Cuando un dilema se apodera de nosotros, es factible reconocer en la poesía la respuesta utilizando la experiencia previa de otros escritores. No es la señal que nos negamos a ver, es más bien la entrada al futuro de las cosas que no nos damos cuenta pero que pudiéramos si sólo abrimos nuestras mentes un poco. La poesía -a mi parecer- es el canal que nos permite dejar fluir el sentimiento que sólo necesitamos leer con la conciencia de aprender algo, tal vez si nos desagrada la lectura reconocemos que es lo que nunca vamos a decir, pero si por el contrario nos gusta, derrumbamos las paredes y construimos un nuevo pensamiento donde la palabra nos habite sin hacer más que escucharla y más aún respirando un nuevo comienzo en casa paso que damos.

10/03/2010

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