Sólo uno de cada cuatro venezolanos está totalmente satisfecho con la gestión gubernamental. Así lo demuestran varios estudios de opinión pública. Si bien no existe coincidencia absoluta entre las distintas encuestadoras en lo que sí la hay es en que ha habido un retroceso importante CARACAS.- La población empieza a mostrar cansancio ante un Gobierno que tras 10 años de gestión no ha podido resolver sus problemas más apremiantes. El descontento se traduce en números adversos para la popularidad y liderazgo del Presidente, que por primera vez está muy por debajo del histórico 60% que en promedio, con sus altos y bajos, había mantenido.
Así lo demuestran varios estudios de opinión pública. Si bien no existe coincidencia absoluta entre las distintas encuestadoras sobre el índice de popularidad del jefe del Estado, en lo que sí la hay, y es lo de mayor significación, es en que ha habido un retroceso importante.
De acuerdo con las más recientes investigaciones de Hinterlaces, la popularidad del Presidente está actualmente en 41%, lo que indica una caída de 11 puntos porcentuales con respecto al índice que tenía en enero pasado.
Para Alfredo Keller & Asociados la cifra actual es de 45% versus 56% que concentraba a comienzos de año, mientras que para Datanálisis la cuota actual de respaldo es de 52% contra 56% de inicios de año.
"Es evidente que hay un debilitamiento en la popularidad del presidente Chávez y que está en caída permanente y progresiva", dijo Luis Vicente León, director de Datanálisis.
"Se trata, por primera vez, de una verdadera amenaza para el Presidente. Más allá de los números, en la calle se siente el descontento y el crecimiento del malestar.
Sólo uno de cada cuatro venezolanos está totalmente satisfecho con la gestión del Presidente", dijo Óscar Schemel, presidente de Hinterlaces, quien agregó que 61% de la población desea que Chávez entregue el poder en 2012. "Se ha producido un cambio importante en la correlación de fuerzas políticas en Venezuela", advirtió.
León destaca que uno de los rasgos característicos del liderazgo de Chávez es la vulnerabilidad ante las caídas que registran sus niveles de respaldo. "Su gobernabilidad está basada en tener la mayoría y cuando se encuentra muy cerca de la mitad, sea por debajo o por encima, se encienden sus alarmas. Más allá del punto porcentual que mide su aceptación, es evidente que hay un descenso permanente", explicó el analista.
De acuerdo con las mismas encuestas, la de la inseguridad personal es la factura que los ciudadanos no están dispuestos a condonarle a Chávez. Y es que de hacerlo significaría pagarla, literalmente, con la vida. La última encuesta de Keller & Asociados, correspondiente al tercer trimestre de este año y en la que se entrevistaron 1.200 personas de todos los estratos en las principales ciudades, arrojó que 83% de los venezolanos considera que el flagelo de la delincuencia ha empeorado.
Preparando la campaña
La adversidad de los números explica la actuación de Chávez, que se ha lanzado a la reconquista de las masas. Arrancó la campaña. En las últimas tres semanas, su discurso, dirigido a calentar motores para mantener el control de la Asamblea Nacional luego de las próximas elecciones legislativas, previstas inicialmente para diciembre de 2010 pero que según fuentes extraoficiales podrían ser adelantadas, se ha basado en el relanzamiento, al menos en teoría, de Misión Barrio Adentro con la incorporación de más médicos cubanos, y admitiendo previamente el colapso del sector salud.
El anuncio de las más de 50 supuestas medidas económicas fue otra de las estrategias.
"Crear un ambiente o la ilusión de una mejor perspectiva es una táctica obligada en toda campaña electoral", explicó León, quien reconoce que una de las fortalezas del Ejecutivo es su capacidad para "maquillar los principales problemas que se le atribuyen a la revolución".
León insiste en el desgaste del liderazgo del primer mandatario, pero prevé que pronto comenzará a bajar el tono violento de su discurso y a aumentar el gasto público, todo en una dosis repetida de las estrategias infalibles de una campaña.
Pero por qué Chávez, a sabiendas del costo político que puede significar, no atiende el problema de la inseguridad, ni siquiera a través de tácticas ilusorias.
Los analistas coinciden en que la población capta cada vez más que Chávez no ataca la delincuencia común con la misma severidad con la que enfrenta los supuestos planes de magnicidio en su contra, ni con la misma fuerza con la que justifica la compra de equipos bélicos.
"Este Gobierno asume indirectamente que la inseguridad y la delincuencia es una especie de mal necesario en su esquema de lucha primitiva de clases. En la división que promueve entre ricos y pobres, el Presidente observa en el hampa un elemento de confrontación entre oligarcas y desposeídos", opina Ricardo Sucre, analista político.
Sucre maneja una teoría para explicar la indiferencia del Gobierno ante una materia que está erosionando su liderazgo: "La existencia de mafias hace que el Gobierno calcule la relación costo-beneficio de afrontar el tema de la inseguridad como debería. De hacerlo eficientemente, sabe que generará una matriz de opinión favorable en el país, pero también está consciente de que tocará a otros grupos cuyos intereses han crecido alentados con el discurso violento".
El discurso "oposicionista"
Carlos Raúl Hernández, profesor del doctorado en Ciencias Sociales de la UCV, señala que el Gobierno valora la inseguridad como parte de un discurso que usa la oposición para desprestigiarlo.
"El hampa mantiene aterrorizada a la clase media y alta, y funciona como un mecanismo de disuasión. Esa es la coincidencia que veo entre el Gobierno y la delincuencia, aunque no puede perderse de vista que la inseguridad y la violencia también vive sembrando el miedo en las zonas populares", dijo Hernández.
Sucre no descarta que el Gobierno considere la inseguridad como "una queja de los ricos" a la que no es urgente o necesario prestarle atención.
Pero más allá de la falta de medidas contundentes contra la delincuencia, los discursos de un lado que reclama y el otro que desmiente, y los intereses que puedan tocarse al atacar la inseguridad, está la impunidad.
Ángel Oropeza, doctor en Ciencias Políticas, manifestó su preocupación por la cantidad de crímenes que la justicia deja en el tintero: "Vivimos en un país donde, según la fiscal general de la república, Luisa Ortega Díaz, existe un índice de impunidad de 85%. Eso es, de cada 100 delitos que se cometen, 85 no se pagan. Los malandros matan porque no ven razones para dejar de hacerlo", afirmó.
19/10/2009