PERIODISMO CIUDADANO

“Priorizamos la reinserción del muchacho en su familia de origen”
La protección infantil y adolescente, una política de Estado en Venezuela

CARACAS, (ABN).- Proteger integralmente a los niños, niñas y adolescentes venezolanos ha requerido la implementación de una política de Estado resultante de una conjunción de fuerzas en todos los niveles del Gobierno Nacional.

Lena Jahn

Así ha venido sucediendo de manera sistemática desde el año 1998, cuando casi 8 mil niños y niñas permanecían en situación de calle, con la consecuente obtención de resultados que no dejan espacio para las dudas: al cierre de 2007 la cifra bajó a menos de mil, gracias al crecimiento paralelo en el nivel de vida de los venezolanos.
De acuerdo con la presidenta del Instituto Nacional Autónomo de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes (Idena), Litbell Díaz, la materialización de un conjunto de medidas sociales orientadas a la inclusión de la familia han garantizado el derecho a la salud, a la alimentación, a la educación, al trabajo y a la vivienda a venezolanos que por años permanecieron al margen.
En consecuencia, aclara que evaluar el progreso en materia de protección infantil y adolescente pasa por un reconocimiento previo de todas las áreas que de alguna u otra forma transversalizan ese eje.
“La inversión se pierde de vista”, dice, pues si bien el desembolso hecho por la Misión Niños y Niñas del Barrio -en marcha desde hace un año- se acerca a los 300 millones de bolívares, contabilizar el presupuesto total destinado a los más pequeños requiere sumar en una misma cuenta la inversión en todos los renglones de corte social, fundamentalmente salud y alimentación.

Una ley para el buen trato

Uno de los avances más significativos en materia de amparo infantil reside en la Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y del Adolescente (Lopna), que desde el 2000 incorporó el derecho a la integridad personal de esta población y que siete años después fue sometida a una importante reforma.
Desde entonces, se incluyó la prohibición explícita de cualquier tipo de castigo físico y humillante, al consagrar el derecho al buen trato, lo que convirtió a Venezuela en uno de los países de mayor avanzada legislativa en materia de protección infantil.
El coordinador general de Cecodap, Fernando Pereira, destaca esta modificación que introduce de manera subyacente un importante cambio cultural en la forma de crianza que muchos padres tienen arraigada y consideran correcta.
“Lo clave es entender que cualquier forma de violencia ejercida hacia un niño, niña o adolescente constituye algo indebido que la ley prohíbe, y que golpear u ofender con fines correctivos u educativos constituye en sí un acto violento separado por una delgada línea del maltrato físico o psicológico”, sostiene.
Masificar ese pensamiento es una de las tareas que facilita la Lopna, instrumento legal que en su diseño equipara a Venezuela con escasas naciones del continente -Uruguay, Costa Rica y Chile- en las que pegarle a un niño, niña o adolescente está expresamente prohibido.
Asimismo, es una herramienta jurídica que promueve la denuncia del maltrato intrafamiliar, escolar o dentro de la misma comunidad, para lo cual el Estado ha dispuesto varios centros de recepción de denuncia, entre los que destacan los consejos municipales de protección y las defensorías de los niños, niñas y adolescentes.

Fortalecimiento familiar

Generar políticas para garantizar el derecho de los niños, niñas y adolescentes al buen trato que la ley consagra es la misión del Idena; para lograrlo, instrumentan una serie de programas cuya columna vertebral es el fortalecimiento de la familia como célula fundamental de la sociedad.
Así lo asegura Litbell Díaz, quien sostiene que la línea de trabajo que los orienta identifica y diferencia a las familias con sus características únicas, visualizándolas no como islas sino en su contexto social particular.
“Priorizamos la reinserción del muchacho en su familia de origen, y por ello centramos nuestros esfuerzos en fortalecerla”, expresa.
Una de los programas del Idena son los Centros Comunales de Protección Integral, donde se atienden niñas y niños hasta los 12 años que se encuentran en situación de riesgo social, es decir, en medio de familias disfuncionales donde existen episodios de violencia.
“Nos hacemos cargo del niño o niña y de manera articulada con el consejo comunal del sector desarrollamos toda una línea de atención a su familia, sustentada en los diversos programas del Gobierno Nacional, con miras a garantizar su inclusión social”, detalla.
Actualmente, 15 centros de este tipo brindan atención a cerca de mil 200 niños y niñas de todo el país, en lo que Díaz considera una constante apuesta a la prevención.
“Evitamos que estos jóvenes terminen en una situación de vulnerabilidad de sus derechos: en la calle, víctimas de explotación laboral o de explotación sexual con fines comerciales, y para ello abordamos la situación del niño o la niña y la situación de papá y mamá”. subraya.
Desinstitucionalizar a los niños que producto de situaciones irregulares han quedado bajo el amparo de los organismos o unidades de atención es otro de los objetivos, en aras de convertir estos centros de apoyo en albergues temporales siempre que así sea posible.
Se trata de los niños y niñas privados de su medio familiar, ya sea por alguna medida de protección o porque se encuentran en situación de abandono, para quienes se ha diseñado el Plan Nacional de Familias Sustitutas, que entre agosto pasado y marzo de este año le ha garantizado el derecho a una familia a 513 niños, niñas y adolescentes.
“En consonancia con el socialismo no podemos permitirnos tener depósitos de muchachitos, sino poner de relieve valores como la solidaridad y el amor, expresados como nunca antes a través de este programa”, dice.
La modalidad de colocación familiar es una de las vertientes de esta estrategia, mediante la cual los pequeños mantienen el vínculo con su familia de origen con miras a ser reintegrados una vez que las condiciones estén dadas. Momentáneamente, son acogidos por una familia que así lo desea.
“Es una adopción temporal mientras que el niño, niña o adolescente y sus padres son preparados para volver a convivir en armonía”, aclara.
La otra modalidad es la adopción definitiva, que procede cuando no es posible constituir a la familia de nuevo, bien sea porque está totalmente desintegrada, por problemas severos de violencia o porque se trataba de un niño o niña en situación de abandono cuya familia no se localizó.
Díaz resalta el hecho de que el Idena privilegia siempre a la familia de origen, sea la nuclear o la extendida (abuelos, tíos, hermanos, padrinos), incluso cuando los problemas están vinculados a deficiencias económicas.
“La ley nos dice que la pobreza no es una razón para separar a los hijos de sus padres, por lo que, de ocurrir una separación por problemas graves de exclusión, sería absolutamente temporal mientras llevamos a cabo el fortalecimiento de la familia”, explica.
Las Casas de Abrigo –una en funcionamiento y seis en construcción- constituyen otro programa diseñado para atender por un lapso de 90 días a niños y niñas sujetos de medidas de protección, período en el cual se agotan los recursos hasta localizar a la familia de origen y procurar el reintegro.
De acuerdo con Díaz, en el año 2008 fueron reinsertados en sus familias de origen 100 niños y niñas, mientras que para 2009 la meta es hacer lo propio con 200 infantes que permanecen separados de su medio familiar.
Agrega que dentro de las diversas unidades de protección integral del Idena destacan, a su vez, dos modalidades de apoyo: la desintoxicación y atención de adolescentes adictos a sustancias psicoactivas, circunstancia compleja que los hace sujetos de una medida de abrigo, y la protección especializada en niños, niñas y adolescentes que presentan alguna discapacidad.
Según el estudio clínico genético realizado por la Misión José Gregorio Hernández, el estado Zulia y el Distrito Capital son las entidades que cuentan con el mayor índice de jóvenes con discapacidad y sin amparo familiar, por lo cual próximamente será inaugurada una unidad de este tipo en Caracas.
“Tendremos un equipo multidisciplinario que atenderá niños y niñas separados de su medio familiar o en situación de abandono y que además brindará atención ambulatoria a aquellos que están con su familia pero que necesitan recibir ciertos cuidados especializados que no pueden costear”, precisa.
Asimismo, en los estados donde hay presencia de pueblos indígenas se ha desarrollado una modalidad especial de Centros Comunales de Protección Integral, bajo asesoría de antropólogos y sociólogos expertos en la materia.
“Abordamos la realidad de los pueblos originarios con mucho respeto, reconociendo su acumulado histórico y sin imponer nuestra visión occidental del mundo, a fin de garantizar también los derechos de los niños, niñas y adolescentes indígenas”.

Alternativas de crianza

“Te pego porque te quiero”, frase gravísima que tienen implicaciones aún mayores y legitima la violencia como elemento asociado al amor.
De esta manera lo analiza Fernando Pereira, coordinador de Cecodap, quien atribuye a este tipo de creencias aprendizajes erróneos que llevan a los hijos a practicar la ley del más fuerte cuando crecen.
La Lopna plantea medidas educativas alternativas, basadas en el diálogo y en herramientas de crianza positiva y sin violencia, que sirvan a su vez como modelos de enseñanza a imitar y reproducir por los hijos, cuando sean padres.
“Podemos hacerlo distinto, pero para ello hay que sensibilizar, hay que indagar en las referencias personales de los padres acerca de cómo fueron criados y hacerles entender que actualmente disponemos de mecanismos mejores y más efectivos”, dice en referencia a los talleres que Cecodap imparte.
Asegura que cuestionar los métodos de crianza –cuando estos apuntan a la violencia- no es la vía más inteligente, sino el diálogo y el debate, en el entendido de que la idea tampoco es caer en la desidia y el desinterés, tan perniciosas como las técnicas autoritarias y represivas.
“Dejar hacer al chamo lo que le dé la gana es permitir que la situación se escape de las manos y constituye abandono, lo cual deja iguales o peores secuelas”, alerta.
Pereira coincide con Litbell Díaz en que la llave maestra para poner fin a los ciclos de violencia es fortalecer a la familia, combinando con técnicas de enseñanza que no siempre responden a recetas ni fórmulas mágicas.

Muchacho sí es gente

La gente se hace gente desde que llega a este mundo y no cuando cumple la mayoría de edad. Así lo considera el coordinador de Cecodap, quien aspira a cambios culturales de la sociedad venezolana fundamentados en los avances jurídicos alcanzados.
“La idea de que a los niños y niñas se les puede agredir como mecanismo educativo aún prevalece, por lo cual siguen siendo necesarias campañas de prevención del castigo físico y de promoción del buen trato, en articulación con los padres, los centros educativos, los consejos comunales y todas las formas de organización social”, sostiene.
De acuerdo con Pereira, lo delicado del tema reside en que el camino de la violencia se sabe dónde comienza pero no dónde termina.
“Hay casos trágicos, de desenlaces fatales, de adolescentes que le levantan la mano a los padres producto de que la relación intrafamiliar siempre estuvo signada por la violencia y el desprecio, fenómenos que actúan bajo el efecto búmeran y que se replican luego en la sociedad”, ilustra.
Ciertamente existen factores externos que tienden a banalizar la violencia, como la televisión, el Internet e incluso los videojuegos que pueden parecer inofensivos; no obstante, Pereira asegura que el entorno familiar es y seguirá siendo la clave, por lo cual es la arista del problema que debe seguirse trabajando.
“Muchacho sí es gente, es gente desde que nace. Promover este modelo de pensamiento no es fácil, pero tenemos las herramientas, las instituciones y las leyes para hacer de los hogares sitios seguros que preparen generaciones de relevo con tolerancia cero a la violencia”.
09/06/2009