EDUCACIóN

Miramientos
Maestros Extraños

Los verdaderos maestros aparecen donde menos uno lo espera, quizás corramos con la suerte de encontrar uno (voy a tomar la palabra maestro para referirme tanto a hombres como a mujeres) dentro del sistema educativo formal, todavía es una enorme fortuna toparse con uno fuera de ese sistema.

Es de verdad muy difícil. Un maestro está pendiente del brillo o la opacidad que sus alumnos expresan a través de la mirada y las palabras. Sabemos que la mirada muestra sus tonalidades según las emociones que la estimulan, pero casi no nos damos cuenta que con las palabras también sucede lo mismo. A primera vista diríamos que las palabras no tienen brillo, sino tonos, modulaciones, significados. Diríamos que ellas, las palabras, expresan estados emocionales también, pero que estos estados se captan a través del oído y no de la vista. Pienso que el ser humano se sale todo él por los agujeros de las palabras, no se expresa una emoción sino un ser con una tilde en una emoción coyuntural, ocasional. No sólo creo que los estudiantes tienen brillo sino además un calor, una oscilación de temperaturas que más o menos dibujan al alma, al espíritu.

Mis maestros estaban muy pendientes de mi letra y de mi ortografía, cuidaban que aprendiera cálculo o los objetivos del programa para matemática y lenguaje. Recuerdo que muchos de ellos, cuando se hacía interesante un tema, nos apuraban porque inmediatamente venía “historia” o “educación para la salud”. Para ese entonces a mí me gustaba leer suplementos de Batman o de los súper amigos o del Santo el enmascarado de plata, los maestros me descubrían leyendo y rompían mis suplementos o se los guardaban a mi mamá a manera de queja y le aconsejaban que no me alimentara esas lecturas. Era mi mamá quien me llevaba los suplementos, hasta mi adolescencia esas fueron mis únicas lecturas. El maestro lo tenía en casa, no en la escuela, mi madre fue mi verdadero maestro a esa edad. Pensando en cómo suplir las funciones de un padre, mi mamá me compraba los suplementos por montones, luego los fue cambiando por cuentos ilustrados y después yo mismo, influenciado por otros maestros informales, emprendí el viaje hacia los libros, Neruda fue uno de los primeros, Kalill Gilbrán fue uno de los segundos. Quiero resaltar cómo mi madre y mi tío Enrique, me colocaron en la escuela para que tuviese buenos maestros y sucede que ella era la verdadera maestra, seduciéndome hacia la lectura, motivando mi imaginación. Cómo olvidar las enseñanzas del Santo, su otra cara siempre fue un misterio, su fuerza para solucionar problemas; por él comencé a dibujar, tenía muchos cuadernos de dibujos guardados, pero sobre todo, la fascinación que ejerció en mí hasta el punto de hacerme comprar una máscara igual a la de él y ponerme a correr las calles de Santa Cruz con un palo de escoba como volante de mi carro deportivo. Yo iba con otros amigos a quienes yo seducía con mis suplementos y con las películas que pasaban, nos poníamos disfraces en cualquier época y día y volábamos las veredas con nuestras capas. Es decir, no importa que yo no supiera escribir bien, no importa que yo tuviera mala ortografía, la lectura me hizo tener una infancia más profunda, más llena de magia, pues nosotros desdibujábamos la realidad y colocábamos otra.


Colaboraciones y sugerncias: cruzarnal2003@yahoo.com

19/01/2010

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