COSTA FALCONIANA

En Tucacas el Libertador pernoctó el día 30 de diciembre de 1826
Niñez de Bolívar y su recorrido por tierras corianas

Al iniciar Bolívar el recorrido en bestias y carretas por las áridas, ardientes y desoladas tierras corianas atravesó la zona de Mene de Mauroa y llegó a la localidad conocida como Casigua donde fue recibido por el comandante militar del cantón de Casicure, capitán Pedro Rodríguez

Cuando el Libertador desmontó su caballo en Mitare amarró la bestia a una mata de cují. Durante un agasajo en su honor Bolívar volvió a hacer gala de sus sentimientos y galanterías al proponerle a la muy dulce joven María Encarnación Sánchez (Conchita Sanchito) bailar con ella, para lo cual solicitó a José de las Nieves Lugo (un muchacho de apenas dieciséis años de edad y director de los músicos) que ejecutaran piezas más rápidas y alegres ya que solo entonaban canciones de ritmo suave. El inmueble donde fue realizada la fiesta está ubicado al norte de la actual plaza Bolívar y pertenece a la sucesión de doña Catalina Miquilena

Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios nació en Caracas el 24 de julio del año 1783. Fueron sus padres don Juan Vicente Bolívar y Ponte, y doña Concepción Palacios y Blanco. No conoció a su padre por haber fallecido cuando el niño cumplió tres años de edad.


Simón estuvo a cargo de varias nodrizas siendo la primera de ellas Inés Mancebo de Miyares, una negra cubana quien solía comentar que Simoncito era muy rebelde; luego la Negra Hipólita o Negra Matea (esposa de Mateo Bolívar), esclava en la hacienda San Mateo de los valles de Aragua, atendió al niño. Entre ciertos datos poco conocidos para muchos podemos afirmar que la madre de Simón, doña Concha, como solían llamarla, hizo sacrificios para criar a su hijo a pesar de que los miembros de la familia Bolívar Palacios eran ricos de cuna. En una oportunidad ella tuvo que entregar al pequeño a su tutor el abogado Miguel José Sanz para que lo instruyera e incluso lo disciplinara.

El infante quedó huérfano de su amantísima madre a los nueve años de edad. Por tal motivo quedó bajo el cuidado de su abuelo don Feliciano Palacios y Sojo; pero este, por encontrarse sumamente enfermo, al poco tiempo dejó de existir.

Bolívar pasa entonces bajo la tutela de Esteban, su tío materno y padrino de bautizo. Luego queda a cargo de su tío Carlos, un solterón que estaba encargado de la administración de la herencia dejada por los padres de Simón.

En algunos escritos identificados como las primeras cartas Bolívar da a entender que no brindaba simpatías al referido tío Carlos. Para entonces el niño estaba cumpliendo doce años de edad, momento en que decidió escaparse de la casa para ir a vivir con su hermana mayor María Antonia Bolívar de Clemente. Este hecho generó una extensa polémica entre los miembros de la familia y se le dio apertura a un juicio que tuvo una duración de tres meses. La decisión judicial de la Real Audiencia de Caracas determinó que el niño quedara bajo la tutela de don Simón Rodríguez, quien fue el maestro que más influyó de una manera directa y personal en la formación ética, moral e intelectual del joven.

Bolívar, del gran maestro Rodríguez, escribió “Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que usted me señaló. No puede usted figurarse cuán hondamente se han grabado en mi corazón las lecciones que usted me ha dado. No he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que usted me ha regalado”.

Al cumplir trece años de edad el pequeño Simón ingresó a la carrera militar con el grado de cadete del Batallón de Voluntarios Blancos de los valles de Aragua, un cuerpo armado que había sido fundado por su padre cuando este comandaba años atrás las famosas milicias aragueñas. Sin embargo continuó recibiendo clases particulares de conocimientos generales por parte de don Andrés Bello y Fray Francisco de Andujar.

Avanzada a través del largo camino sudamericano
Luego de finalizar las campañas sureñas y propiciar su afán de regresar a la Patria, ante la llegada de noticias del descontento que reinaba en Venezuela a causa de la proliferación de tres partidos políticos (pardócratas, monárquicos y demócratas) y de las ideas antipatrióticas del general José Antonio Páez, Simón Bolívar partió de la ciudad de Lima (Perú) el día 4 de septiembre de 1826. Al embarcarse en el puerto de El Callao llega a Guayaquil para entrevistarse con los coroneles paecistas Urbaneja e Ibarra y desde allí continúa hacia Quito (Ecuador). El 5 de octubre sale para Bogotá (Colombia). El 25 de noviembre sigue la ruta hacia la Villa del Rosario (San José de Cúcuta, Colombia) donde ordena tomar medidas para reclutar tropas y continuar el avance. Entra a Venezuela el día 29 de noviembre por el río Zulia y llega a los Puertos de Altagracia, en el lago de Maracaibo, donde está su fiel amigo el general Rafael Urdaneta a quien le entrega ese departamento mediante un decreto que ordena a los realistas pasar a las órdenes patriotas. Bolívar durante todo el trayecto recibe emisarios que le informan confusamente acerca de las artimañas políticas que ocurren en Caracas, Valencia y Puerto Cabello.



Bolívar en tierras de la provincia de Coro
Al iniciar Bolívar el recorrido en bestias y carretas por las áridas, ardientes y desoladas tierras corianas atravesó la zona de Mene de Mauroa y llegó a la localidad conocida como Casigua donde fue recibido por el comandante militar del cantón de Casicure, capitán Pedro Rodríguez.

Al día siguiente, siendo 21 de diciembre, el Genio de América y la comitiva realizan su llegada al pueblo de Borojó. Allí les preparan una rumbosa fiesta campestre donde hacen acto de presencia numerosos músicos locales que le dan ambiente al momento y Simón sale a bailar con una joven muy linda, de nombre Josefa, mejor conocida como la catira Terán (única hija de Tomasa Terán). Según la tradición oral, el brindis fue de vino casero.

Al llegar al pueblo de Capatárida el Libertador descansa por breves horas en la casa propiedad de los esposos don Basilio Mavare y doña Valentina Álvarez, ubicada en la hoy llamada calle Bruzual. Todas estas tierras se encontraban desoladas. Los campos lucían empobrecidos dado el caso de que los pocos rebaños de ganado vacuno habían sido utilizados para la manutención de los soldados o para venderlos en las islas de Aruba y Curazao a cambio de armas de guerra.

Los viajeros avanzan el rumbo desde Zazárida y llegan al hermoso paraje de Mitare a las cinco de la tarde donde los tranquilos habitantes, entre ellos el maracaibero Bernardo Bocanegra y familia, rebosan de júbilo ante la presencia de tan preciados líderes de la independencia. A la comitiva oficial se sumó, en el sitio conocido como Algodones, el destacado jurista mitarero licenciado José Inocencio Gil, amigo de añeja data del ilustre visitante.

Cuando el Libertador desmontó su caballo en Mitare amarró la bestia a una mata de cují. Durante un agasajo en su honor Bolívar volvió a hacer gala de sus sentimientos y galanterías al proponerle a la muy dulce joven María Encarnación Sánchez (Conchita Sanchito) bailar con ella, para lo cual solicitó a José de las Nieves Lugo (un muchacho de apenas dieciséis años de edad y director de los músicos) que ejecutaran piezas más rápidas y alegres ya que solo entonaban canciones de ritmo suave. El inmueble donde fue realizada la fiesta está ubicado al norte de la actual plaza Bolívar y pertenece a la sucesión de doña Catalina Miquilena.

A primera hora de la mañana del día 23, al haber saboreado el exquisito “cache” (café) mitarero, los viajeros tomaron el camino real que conduce a Santa Ana de Coro. Esa ciudad que ostentaba el aristocrático título de noble y que para la fecha se caracterizaba por su marcada adhesión y lealtad a la corona española merecía la presencia de Bolívar. En efecto los caminantes llegaron a Coro al ocultarse el sol. El Libertador pernoctó en la hermosa casona conocida como el Balcón de los Senior, cuyos dueños iniciales fueron Lucas del Ciervo y su esposa Salomé Tellería. De la noble doña se afirma que pronunció tentadoras palabras de admiración al Libertador. Bolívar había sido recibido gratamente en La Quebrada de Coro, ubicada en la entrada occidental de la localidad. Se afirma que para ello fue armado un carruaje tirado por caballos, denominado El Carro de la Gloria, donde fue paseado el visitante.

Es momento en que nuevamente en la historia del Padre de la Patria por los caminos corianos salen a relucir otras bellas mujeres. Se trata de las gentiles señoritas Garcés y Manzano quienes caminaron al lado del carruaje de Bolívar hasta llegar a la iglesia catedral coriana donde fue oficiado un Te Deum.

Por espacio de dos días Santa Ana de Coro ovacionó al ilustre personaje. En la ciudad el Libertador tuvo necesidad de leer la proclama que el general José Antonio Páez había escrito el día 15 y que fue llevada a Coro vía Curazao, donde hacía saber a los moradores que Bolívar haría acto de presencia en las tierras caquetías como simple y común ciudadano. Por tal motivo, con actitud enérgica, nuestro héroe escribió una carta a Páez y otra al general Rafael Urdaneta, sostuvo conversaciones con personalidades ligadas al quehacer político patriota, impartió órdenes a las autoridades civiles Borras y Hermoso, recibió a oficiales del ejército, concedió audiencia a representantes de la sociedad coriana y conversó con los comerciantes.

La marcha itinerante continuó hacia Cumarebo, lugar donde el Libertador pernoctó la Nochebuena de Navidad. Luego cabalgó hacia Píritu, Mirimire, Capadare y Chichiriviche, donde un bergantín estaba a la espera para el traslado hasta el puerto de Tucacas.

Este humilde cronista, cuando tuvo la suerte de escuchar personalmente las versiones orales de Raquel Perozo Blank, escribió en el libro “Historia de Tucacas” (editado en 1990) que Simón Bolívar vino a nuestro pueblo al enterarse de serios informes acerca del estado litigioso que estaban presentando las minas de cobre de Aroa que eran propiedad de él y permanecían a cargo de su hermana María Antonia. Tales posesiones se encontraban en peligro ante los continuos pleitos y fuertes discusiones de María Antonia con la familia Sagarzazu, a quienes Bolívar llamó vizcaínos.

De acuerdo a aquella respetada e inédita versión oral que me transmitió Raquel porque la había escuchado de su señora madre, la muy recordada Constanza Blank de Perozo y ésta a su vez la oyó de doña Wencesláa Jáuregui de Blank, Bolívar pernoctó en Tucacas el día 30 de diciembre en un humilde aposento propiedad de dos pescadores curazoleños a quienes llamaban Los Tinitos. Estos, al unísono con los demás negros holandeses, tocaron tambor hasta el amanecer. Tal rancho se encontraba edificado en el mismo lugar donde hoy está levantada la plaza Bolívar.

Al abandonar Tucacas Simón se embarcó hacia Puerto Cabello donde pasó la noche de año nuevo. Prosiguió viaje el 4 de enero de 1827 para encontrarse con Páez en Naguanagua y luego avanzó hacia Valencia, lugar donde llegó a las cinco de la tarde. Ese día se estaban cumpliendo cuatro meses de la partida desde Perú. Bolívar, al emprender nuevamente la marcha con renovados bríos, el 2 de marzo llegó a la ciudad de Caracas donde fue recibido con sinceras ovaciones.



Retrato coincidencial del viajero Simón
En una visita que dispensó este cronista a la casa de habitación de la señora Rosa Sarmiento, ubicada en la calle 5 de Julio del sector El Cañito de Tucacas, pudo observar en la sala principal un retrato de Bolívar que le llamó la atención, pues está muy acorde con el presente trabajo histórico que se refiere a la ruta que cumplió el Libertador desde los países sureños.

Rosa dijo “Este cuadro fue un regalo que recibí de Jairo Fermín Ríos Ariza, un amigo colombiano que reside en Valencia, estado Carabobo, y que es fiel defensor de los avatares de Bolívar”.

Quien escribe, al escuchar la versión, se puso en contacto telefónico con don Jairo. El respetable amigo explicó que el retrato lleva por nombre “La Sed del Guerrero”, fue pintado por el artista Antonio Frio, residenciado en Zipaquirá (Cundinamarca, Colombia) y el óleo original pertenece al general Víctor Medina. La pintura describe de una manera fiel el semblante que caracterizó a Simón durante los últimos años de su vida, un Bolívar humilde no ataviado con el uniforme militar sino vestido de civil con sombrero de copa alta.

27/12/2009

Septiembre 2014
D L M M J V S
1
2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30