EDUCACIóN

Una serenata al profesor Kiko García
Noche de porteñidad


La porteñidad ha sido impulsada por los mejores hombres paridos en esta tierra buena, de mar tranquilo y de rada taciturna, donde el navío a fuerza de ser amarrado con hebras de cabello de mujer amada, ya no necesita de mayor ancla que el beso robado en las ventanas coloniales, en cualquier atardecer de abril, o en noche de lunada en las playas, en cualquier día de octubre

Eddy Barrios

Este constructo intelectual autóctono impacta el corazón y cautiva la mente. A buscar sus orígenes o similitudes nos fuimos, y lo encontramos en los pueblos asentados a las márgenes del delta del Río de La Plata, donde lo encontramos adosado a la vida del puerto y a su tango, que al decir del guitarrista porteño, Enrique Santos Discépolo, es ‘un pensamiento triste que se baila’; mientras que, en nuestra amada ciudad marinera, se traduce en tambor, en acuarelas tardecinas, en rosas de montaña y cantos de campanero, en paisajes de mar y de San Esteban, en costa serpentina a Patanemo, en bóvedas vegetales profundas y frescas en Borburata y Camino de los Españoles, en tambor Sanmillanero y en el bolero tropical que es “poema sensual que se adentra en el alma”.

Porteñidad es todo eso a un tiempo, estudio científico formal y labor en faena de muelle o de pescadores, obra acabada en hábiles manos de artesanos o de cocineras de dulcería criolla, bonhomía y bohemia, agua de coco y cafecito recién colado, arepita de El Palito, Tentalaria y Tostones de Borburata, olas y bruma de Bufeadero de Gañango que baña nuestro rostro y remoja nuestras tristezas.

La porteñidad ha sido impulsada por los mejores hombres paridos en esta tierra buena, de mar tranquilo y de rada taciturna, donde el navío a fuerza de ser amarrado con hebras de cabello de mujer amada, ya no necesita de mayor ancla que el beso robado en las ventanas coloniales, en cualquier atardecer de abril, o en noche de lunada en las playas, en cualquier día de octubre.

Porteñidad es esencia del gentilicio y valor sustantivo en la carga anímica de nuestros mejores sentires, unidos a orgullo legítimo de ser hijos natos o putativos de Puerto Cabello.

Las calles de nuestra ciudad han sido holladas por la planta aventurera del romancero, del serenatero y del poeta enamorado que labró con su canto, su verso y su pluma esa porteñidad, quienes han dejado su huella imperecedera en la planta física, como en las consciencias de sus hijos, nacidos en esta noble tierra de cordialidad inveterada bajo las sabias manos del Dr. José Ramón López Gómez, Dr. Alberto Vargas o Dr. Noriega, o como “navegados” de otras latitudes nacionales como internacionales, como mi caso.

Lo cierto es que todos nosotros hemos quedado presos de las imágenes estampadas en nuestras retinas y en nuestras almas de su cielo azul y sus paisajes, de sus marinas de un Raúl Marcano o de un Vargas o un Faneite, como de un lienzo colorido de un cuadro de Niño Bonito, de una canción de Italo Pizzolante o de Arturo Lugo o de Augusto Brandt, como del “Hay que enterrarla” del Baile de la Hamaca, de la prosa poética prestada a la historia de un Asdrúbal González, un Ramón Díaz Sánchez, a un Miguel Elías Dao, como de la rigurosa investigación de José Sabatino, de la entrega a la redención de la cultura de un Orlando Sabatino como de la exitosa labor de Orlando Rivas, de una plumilla de Naudy, un busto de Vielma, una pancarta de Nananana, o un travieso grafiti de Grillo…y por último, del empuje de sus constructores y empresarios, como de la amabilidad de sus pobladores más humildes.

Anoche, “Los dueños de La Alegría” según frase inspirada del Dr. Ángel Moya, un grupo de bohemios amigos nos reunimos a homenajear a uno de los hijos más preclaros de nuestra ciudad, ductor de juventudes, luchador incansable por sembrar la semilla de porteñidad y activo creador del término que nos reúne a todos, natos y “adoptados”. Profesor universitario de larga y fructífera labor de formación de las generaciones emergentes de la pujante ciudad de sus afectos. Fundador del Colegio de Contadores Públicos y entusiasta defensor de la cultura y de las bellas artes.

Me refiero, indudablemente, al Profesor-amigo, Francisco “Kiko” García, a quien le llevamos una serenata porteña, en compañía del Sr. Félix Jiménez en su guitarra y voz magistral, y del locutor y cantante Omar José Romero, quienes fueron sus organizadores y exitosos promotores. Contamos con el maestro tecladista Efrain en las blancas y en las negras, acompañado del flautista Jesús Pargas quien nos sorprendió con su bella y educada voz de crooner y sus solos de flauta. Nos regalaron su arte el Dr. Gerardo Salamalé y Dr. Ángel Moya, y quien suscribe, para completar la oferta musical de la tenida.

Engalanaban la noche las amorosas y gentiles esposas, de Kiko y de Omar José, así como la presencia invalorable de hijos y nietos del homenajeado, quienes no desaprovecharon la oportunidad para agradecer este gesto solidario y lleno de cariño de quienes acudimos a la convocatoria. Fue un maravilloso grupo de amigos en una noche de relax y cordialidad porteña, entre quienes recordamos al empresario Antonio Marcano, Maritza Jiménez, Anaís Barrios, y muchos otros (perdonen mi prematuro Alzheimer), quienes evidenciaban el sentimiento profundo de amistad que Kiko nos ha transmitido y nos ha enseñado a cultivar.

Omar José dio inicio a la velada con unas hermosas palabras muy sentidas y mejor armomizadas, llenas de sentimiento y profundidad espiritual que nos emocionaron; para luego, proseguir con la entrega de sus mejores temas, demostrando su buen ganado sitial, junto con Gerardo y Carlos Augusto, entre las mejores voces varoniles de nuestro patio. Aporte de igual fina factura nos trajo entonces Gerardo, en compañía de Angel Moya, o nuestro querido amigo “Coco” al bongó, con sus simpatías a flor de piel, y su insuperable estilo, calidad vocal y sentimiento, al cantar temas como “Romance bajo la luna”, que inmortalizara su padre Pedro Salamalé, diletante de la bohemía y, como Kiko, cabal expresión de porteñidad.

Kiko rebosaba de contento y, por su expresión, puedo afirmar que no cabía en sonrisas. De vez en cuando alzaba su brazo para celebrar una canción o para saludar a sus visitantes. En un cierto momento, con la asistencia de su hijo, se levantó de su asiento y vimos erguirse la figura del patriarca como debemos conservarla. Su esposa nos refirió que en muchas ocasiones lo sorprende -como sorprendía Nancy a Pedro - en su silla, tarareando una meliodía…!Mi Puerto Cabello…!

Fue una extraordinaria tenida musical, que nos reunió en la comunión del espíritu con nuestro amigo y se fundió entre nosotros, a cuyo término regresamos a nuestros hogares con la sensación de haber realimentado ese cariño que le tenemos a él y a todos cuantos han hecho de esta ciudad más amable y vivible, y han entregado su vida al rescate y afianzamiento de la ¡ Porteñidad…!

07/03/2010