CULTURA

El Carnaval también tiene su historia
Poesía y palabra se concatenan en estas fiestas de las mascaradas


De eso conoce muy bien la poeta argentina Elina Wechsler nacida en 1952. Una psicóloga que conoce a la perfección la idea de entendernos con el uso elegante y delicado de la comparación de unas festividades como las que hasta hoy vivimos con el hecho diario y cotidiano de ser y actuar en medio de una sociedad aparentemente tranquila pero que guarda secretos y los revive en medio de máscaras y sonrisas. Un poema real como lo que sucede a diario expone esta artista que sintetiza una idea tan amplia como el universo que atrapa, enamora y desencanta, cuando se apagan las luces.

Carnaval

Elina Wechsler

El carnaval explota en sus colores.
Un hombre baila con la muerte en el centro de la pista,
lleva en sus brazos un esqueleto y todos miran, ríen y sospechan.
Hay hombres que creen que el carnaval constituye algo así como la vida,
se disfrazan a diario,
disfrazan a sus mujeres.
Cuando intentan el desnudo
advierten que ya es tarde.


Del mismo modo el poeta Rubén Darío incursiona en el estilo reservado de contar sobre una fecha específica, en este caso las fiestas previas a la cuaresma “los Carnavales” que son un momento para devorar y celebrar la vida en la primera instancia mientras disfraces y júbilos a toda hora empapan el sentir de la gente que dormita en la semana donde todo es válido, como el cantar de un poeta que a pesar de ser tan antiguo comenta sus impresiones sobre tan grandiosa fecha.


Canción del Carnaval



Rubén Darío



Musa, la máscara apresta,
ensaya un aire jovial
y goza y ríe en la fiesta
del Carnaval.

Ríe en la danza que gira,
muestra la pierna rosada,
y suene, como una lira,
tu carcajada.

Para volar más ligera
ponte dos hojas de rosa,
como hace tu compañera
la mariposa.

Y que en tu boca risueña,
que se une al alegre coro,
deje la abeja porteña
su miel de oro.

Únete a la mascarada,
y mientras muequea un clown
con la faz pintarrajeada
como Frank Brown;

mientras Arlequín revela
que al prisma sus tintes roba
y aparece Pulchinela
con su joroba,

di a Colombina la bella
lo que de ella pienso yo,
y descorcha una botella
para Pierrot.

Que él te cuente cómo rima
sus amores con la Luna
y te haga un poema en una
pantomima.

Da al aire la serenata,
toca el auro bandolín,
lleva un látigo de plata
para el spleen.

Sé lírica y sé bizarra;
con la cítara sé griega;
o gaucha, con la guitarra
de Santos Vega.

Mueve tu espléndido torso
por las calles pintorescas,
y juega y adorna el Corso
con rosas frescas.

De perlas riega un tesoro
de Andrade en el regio nido,
y en la hopalanda de Guido,
polvo de oro.

Penas y duelos olvida,
canta deleites y amores;
busca la flor de las flores
por Florida:

Con la armonía te encantas
de las rimas de cristal,
y deshojas a sus plantas,
un madrigal.

Piruetea, baila, inspira
versos locos y joviales;
celebre la alegre lira
los carnavales.

Sus gritos y sus canciones,
sus comparsas y sus trajes,
sus perlas, tintes y encajes
y pompones.

Y lleve la rauda brisa,
sonora, argentina, fresca,
¡la victoria de tu risa
funambulesca!




Por eso, el carnaval es una fecha que se celebra sola, un portal para imaginar, crear, inventar una idea, seguirla y celebrarla justo hasta hoy, día donde la ciudad vuelve a ser honorable y preciada, atrás quedaron las máscaras, los rituales, los bailes tradicionales que mecieron y estremecieron al puerto con su canto. Todo es una marejada pintada de colores, serpentinas y sueños que bailan las calles de un lugar estremecido por tanta alegría… Los carnavales son para los que se atrevan a vivirlos, para los que trasciendan los deseos de gritar y celebrar, aunque todo suceda en un fin de semana donde todo es posible, menos quedarse atrás.





Mirih Berbin Muñoz
culturalacosta@gmail.com

11/03/2011